Inundaciones y tandeo: la paradoja hídrica de la CDMX en temporada de lluvias

La llegada de la temporada de lluvias a la Ciudad de México exponen una contradicción hídrica que se repite año con año. Colonias que durante la estación seca enfrentan un racionamiento severo de agua, se inundan con los primeros chubascos. Este fenómeno ocurre de manera simultánea en demarcaciones como Iztapalapa, Tlalpan, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón, donde la carencia y el exceso de líquido conviven con normalidad.

La crisis del agua en la capital ya no se limita a la falta de abastecimiento en los hogares. De acuerdo con datos del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) y la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el problema radica en la incapacidad de la infraestructura para captar la recepción pluvial y en el acelerado deterioro del drenaje primario y secundario. El líquido que podría aliviar la escasez termina en las alcantarillas.

La paradoja de sufrir sequía e inundaciones en un mismo año responde a factores de desigualdad territorial y diseño urbano. Las zonas altas de la ciudad sufren desabasto porque el agua no llega por gravedad o la roja tiene fugas; Mientras tanto, las zonas bajas, de origen lacustre, se encharcan al recibir las corrientes de las alturas, careciendo de bombas y cárcamos suficientes para desalojar el líquido.

El mantenimiento de la red de drenaje es un factor determinante en esta ecuación. Reportes de Locatel y las bitácoras de emergencias 911 reflejan cómo los puntos de inundación se repiten ciclo tras ciclo en los atlas de riesgo de Protección Civil. Obras de modernización pendientes, un presupuesto de drenaje que no logra cubrir el rezago histórico y el mantenimiento intermitente de los cárcamos agravan la situación en la zona metropolitana.

Urbanistas e ingenieros hidráulicos señalan que la ciudad desaprovecha la mayor parte del agua de lluvia. En lugar de implementar sistemas de infiltración para recargar los mantos acuíferos, el sistema actual la conduce hacia la red de drenaje sanitario. Allí se mezcla con aguas residuales y es desalojada fuera de la cuenca del Valle de México, desperdiciando un recurso vital en una metrópoli con estrés hídrico crónico.

Los registros de las alcaldías muestran un mapa de la desigualdad hídrica. En Iztapalapa, colonias como San Lorenzo Tezonco enfrentan semanas sin suministro por las tardes, mientras que en zonas cercanas como Santa Cruz Meyehualco, las lluvias provocan encharcamientos que bloquean vialidades y obligan a la activación de protocolos de Protección Civil. Esta dinámica de tandeo y encharcamiento se replica en periferias como Tláhuac, Xochimilco y Azcapotzalco.

Los residentes de estas demarcaciones experimentan la rutina de la supervivencia hídrica. Durante los meses de calor acumulan agua en tinas y cubetas ante la incertidumbre del tandeo; en la temporada de lluvias, destinan horas a retirar el lodo de sus viviendas ya vigilar el nivel de las calles, producto del rebalse de alcantarillas y coladeras saturadas de basura y sedimentos.

La transición brusca entre el clima seco y el húmedo también impacta la geología capitalina. La pérdida de humedad en el subsuelo propicia la formación de socavones y el agravamiento de grietas, que posteriormente se erosionan con la precipitación. Las autoridades de Protección Civil atribuyen estos hundimientos diferenciales a la sobreextracción de agua ya la naturaleza del terreno, lo que obliga a destinar recursos a reparaciones de emergencia en lugar de a la prevención.

Ante este panorama, la limpieza de coladeras en unidades habitacionales y la instalación de sistemas de captación pluvial en azoteas se presentan como de medidas de mitigación inmediata para los ciudadanos. Sin embargo, la solución estructural requiere de la rehabilitación del drenaje profundo, la construcción de plantas de tratamiento y una redistribución del presupuesto que priorice la autonomía hídrica de la cuenca sobre la dependencia de sistemas externos.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario