Ajolotes gigantes toman el Centro Histórico y convierten Tlaxcoaque en una galería a cielo abierto

La Ciudad de México tiene una nueva postal para quienes disfrutan descubrir propuestas culturales mientras caminan por sus calles. Desde el pasado 6 de agosto y hasta finales de septiembre, la Plaza Tlaxcoaque, en pleno Centro Histórico, se convirtió en una enorme galería a cielo abierto gracias a la exposición “Ajolotes en el Corazón”, una intervención artística que reúne 74 esculturas monumentales de ajolotes realizadas por más de 90 artistas.

La propuesta toma como protagonista a uno de los animales más representativos de la capital: el ajolote, especie emblemática de Xochimilco que se ha convertido en un símbolo de identidad, resistencia y biodiversidad. Las esculturas, instaladas en el espacio público, ofrecen versiones muy diferentes de este anfibio, desde piezas inspiradas en la cultura mexicana y las raíces prehispánicas hasta diseños que juegan con los colores, los monumentos y las tradiciones de la ciudad.

Más allá de ser una exposición llamativa para tomarse fotografías, “Ajolotes en el Corazón” busca generar una conversación sobre la memoria urbana, la conservación de la naturaleza y la manera en que el arte puede transformar la relación de las personas con los espacios que recorren diariamente.

Tlaxcoaque cambia de rostro a través del arte

La Plaza Tlaxcoaque se encuentra entre la avenida 20 de Noviembre y Fray Servando Teresa de Mier, una zona de gran tránsito en el Centro Histórico. Su elección como sede de la exposición tiene además un significado especial debido a la historia del lugar.

Durante las décadas de los setenta y ochenta, el inmueble ubicado junto a la plaza estuvo relacionado con instituciones policiales señaladas por episodios de detención, violencia y tortura. Con el paso del tiempo, el sitio comenzó a ser abordado desde una perspectiva de memoria y reconocimiento de las víctimas de la violencia institucional, y en 2022 las autoridades capitalinas lo declararon espacio de memoria contra la violencia policial.

En ese contexto, la llegada de decenas de ajolotes gigantes plantea una nueva manera de mirar el lugar. La intervención artística busca resignificar un espacio asociado con episodios dolorosos y convertirlo en un punto de encuentro para la ciudadanía, donde la cultura y el arte contemporáneo permitan recordar el pasado, pero también imaginar otras formas de habitar la ciudad.

Durante la inauguración, Ana Francis López Bayghen Patiño, secretaria de Cultura de la Ciudad de México, destacó la fuerza simbólica de las piezas y señaló que cada ajolote puede representar una forma de resistencia y belleza frente a la adversidad.

Así, el recorrido no solamente propone contemplar esculturas coloridas. También invita a detenerse frente a un espacio con una historia compleja y observar cómo una intervención cultural puede modificar temporalmente su significado y generar nuevas experiencias para quienes lo visitan.

74 ajolotes, 74 formas de contar la ciudad

Uno de los mayores atractivos de la muestra es precisamente la diversidad de propuestas. Aunque todas las piezas comparten la figura del ajolote como punto de partida, cada artista la convirtió en una obra diferente.

En las 74 esculturas aparecen referencias a la identidad mexicana, los paisajes urbanos, las tradiciones, los mitos y las raíces prehispánicas. Algunas piezas incorporan colores vinculados con la identidad nacional, mientras otras toman elementos de monumentos, personajes y símbolos que forman parte del imaginario colectivo de la capital.

Entre las obras se encuentra “Ilnamiqui”, de la artista Lizette Charlotte, dedicada a representantes de la Flor Más Bella del Ejido y enfocada en la biodiversidad del sur de la Ciudad de México. Este tipo de propuestas permite que el visitante descubra que detrás de cada escultura existe una historia, un concepto o una mirada particular sobre la ciudad.

El resultado es un recorrido que puede disfrutarse de manera espontánea, pero que también permite observar con mayor atención los materiales, colores, técnicas y detalles de cada pieza. Para familias, turistas, fotógrafos o simplemente personas que atraviesan el Centro Histórico, la exposición funciona como una pausa cultural en medio de la actividad cotidiana.

El ajolote como símbolo de biodiversidad

La elección del ajolote tampoco es casual. Este anfibio es uno de los grandes símbolos naturales de la capital y está estrechamente ligado a los canales y humedales de Xochimilco, ecosistemas que enfrentan diversos desafíos ambientales.

El ajolote mexicano se ha convertido en un emblema de la conservación de la biodiversidad y, al mismo tiempo, en un referente de la cultura mexicana. Su capacidad de regeneración y adaptación ha alimentado su imagen como símbolo de resistencia, mientras que su presencia en la historia y las tradiciones del Valle de México le otorga una dimensión cultural que va mucho más allá de su aspecto peculiar.

Por ello, la exposición también plantea una reflexión sobre la necesidad de proteger su hábitat. Frente a las esculturas, el visitante puede recordar que detrás de la imagen simpática y reconocible del ajolote existe una especie cuya supervivencia depende de la conservación de los ecosistemas donde vive.

La muestra conecta de esta manera el arte urbano con un mensaje ambiental. Cada escultura puede funcionar como un recordatorio de que la biodiversidad también forma parte de la identidad de la Ciudad de México y que protegerla implica conservar espacios naturales que han acompañado a la capital durante siglos.

Los ajolotes también llegan a Xochimilco

Aunque la Plaza Tlaxcoaque concentra buena parte de la exposición, “Ajolotes en el Corazón” no se limita a un solo punto. El circuito artístico se extiende hasta el Nuevo Embarcadero de Cuemanco, en Xochimilco, territorio directamente relacionado con la historia y el hábitat del ajolote.

Además, una pieza especial puede encontrarse en el Museo de la Ciudad de México, con lo que la propuesta amplía su presencia hacia otros espacios culturales de la capital.

Esta distribución permite acercar las obras a públicos diferentes y establecer un vínculo entre el Centro Histórico y Xochimilco: dos territorios con identidades muy distintas, pero unidos por la presencia simbólica del ajolote.

Para quienes quieran realizar el recorrido, el acceso es gratuito y los distintos puntos pueden alcanzarse mediante transporte público. En el caso de Plaza Tlaxcoaque, una de las alternativas más sencillas es llegar a la estación Pino Suárez, donde convergen las líneas 1 y 2 del Metro y la Línea 4 del Metrobús, para después caminar algunos minutos hasta la plaza.

Una exposición gratuita para recorrer durante agosto y septiembre

“Ajolotes en el Corazón” permanecerá en la Plaza Tlaxcoaque durante agosto y septiembre, por lo que todavía hay varias semanas para conocer las esculturas antes de que concluya la intervención.

El acceso es libre y no se requiere pagar una entrada para disfrutar de las piezas instaladas en el espacio público. Su formato al aire libre también permite visitarla de manera flexible, ya sea como una actividad cultural específica o como parte de un paseo por el Centro Histórico.

Para quienes disfrutan la fotografía, los ajolotes ofrecen además un escenario particularmente atractivo por sus colores, dimensiones y diseños. Una cámara o un teléfono celular pueden convertirse en buenos acompañantes durante el recorrido, aunque la experiencia va más allá de conseguir una buena imagen para redes sociales.

La verdadera apuesta de la exposición está en hacer que el arte salga de los museos y llegue directamente a las calles, donde puede encontrarse con personas que quizá no tenían planeado visitar una exposición ese día.

“Ajolotes en el Corazón” convierte así a Tlaxcoaque en un punto de encuentro entre arte contemporáneo, memoria social y naturaleza. Entre esculturas monumentales y referencias a la cultura mexicana, la exposición recuerda que una ciudad también puede reconstruir la manera en que mira sus espacios: un sitio marcado por episodios dolorosos puede convertirse temporalmente en un lugar para caminar, contemplar, conversar y celebrar la vida.

 

Chilango - ¿Dónde ver la exposición de ajolotes gigantes en CDMX?

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