Cuauhtémoc Cárdenas y la herencia de Lázaro: el nacionalismo como bandera de toda una vida

Texto y foto: Bruno Cortés

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, murió este 28 de octubre de 2026 en la Ciudad de México, a los 92 años, informaron Excélsior, El Universal y AP. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó la noticia. No se ha informado la causa del fallecimiento. Con él se cierra una historia familiar que acompañó al país durante casi un siglo.

Pocas vidas políticas estuvieron tan ligadas a una herencia como la suya. El nacionalismo revolucionario de su padre, expresado en la expropiación petrolera y el reparto agrario, fue el hilo conductor de su carrera: desde su trabajo como planificador hasta su ruptura con el PRI, sus campañas presidenciales y sus últimas intervenciones públicas sobre el petróleo.

Un nacimiento en el año del cardenismo

Nació el 1 de mayo de 1934 en la capital, el mismo año en que su padre inició su mandato presidencial, que duró hasta 1940. Su madre fue Amalia Solórzano Bravo. Creció rodeado del ideario de un gobierno que nacionalizó el petróleo en 1938 y repartió tierras a los campesinos, y asumió esa memoria como propia.

Planificar el desarrollo

Ingeniero civil por la UNAM, se dedicó a la planeación regional, una vocación cercana a la idea de un Estado rector del desarrollo. Encabezó el Comité de Estudios de la Cuenca del Río Balsas, antecedente de la Comisión del Río Balsas, y fue fundador y presidente de la Sociedad Mexicana de Planificación. En los sesenta se sumó al Movimiento de Liberación Nacional, impulsado por su padre.

Michoacán, la tierra de la familia

Dentro del PRI llegó al Senado en representación de Michoacán y, entre 1980 y 1986, gobernó ese estado. Allí, en la tierra de su familia, cultivó una relación estrecha con comunidades campesinas e indígenas que veían en el general Cárdenas a un protector, y construyó la base que más tarde respaldaría su desafío al régimen.

La defensa del ideario frente al giro económico

La Corriente Democrática, que fundó con Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, no solo reclamaba democracia interna en el PRI: también cuestionaba el giro económico del gobierno de Miguel de la Madrid, que se alejaba del modelo nacionalista. La ruptura llegó en 1987 y Cárdenas se convirtió en el candidato del Frente Democrático Nacional.

En la elección del 6 de julio de 1988, marcada por la «caída del sistema», el triunfo oficial fue para Carlos Salinas de Gortari. Cárdenas canalizó el descontento por vías pacíficas y, a partir de ese movimiento, fundó el PRD, formalizado en mayo de 1989, que presidió hasta 1993. Volvió a ser candidato presidencial en 1994 y en 2000.

Crítico persistente del neoliberalismo

A lo largo de las décadas siguientes fue un crítico constante de las políticas neoliberales aplicadas desde finales de los ochenta. Defendió la rectoría del Estado sobre los sectores estratégicos, la soberanía energética, el laicismo y la planeación del desarrollo, además de opinar sobre política fiscal y seguridad. También fue, en 1997, el primer jefe de Gobierno electo del Distrito Federal.

El petróleo, hasta el último momento

El 18 de marzo de 2026, durante la conmemoración del 88 aniversario de la Expropiación Petrolera, la presidenta Sheinbaum anunció que Cárdenas había aceptado ser presidente honorario de la Comisión Consultiva del Petróleo. Fue uno de sus últimos actos públicos y un cierre simbólico: el hijo del general volvía a la causa de 1938.

Una familia, una historia nacional

Cárdenas tuvo tres hijos con Celeste Batel: Lázaro, Cuauhtémoc y Camila. Su vida une dos épocas: la del cardenismo que forjó instituciones nacionales y la de la transición democrática que abrió la competencia electoral. En ambas, el apellido Cárdenas quedó asociado a la idea de que el Estado debía servir a las mayorías.

Sus adversarios y aliados coinciden en que actuó con serenidad en los momentos más tensos. Esa mesura, sumada a su lealtad a un ideario, explica por qué su muerte es lamentada por actores de todo el espectro político.

Más allá de la sombra del padre

Aunque la comparación con el general fue inevitable, Cuauhtémoc Cárdenas construyó una identidad política propia. Su aportación principal no fue repetir el cardenismo, sino trasladar sus valores a una nueva época, en la que la disputa ya no se libraba desde el poder, sino desde la oposición y en las urnas.

Esa adaptación explica por qué su figura resultó atractiva para generaciones distintas. Para unos representaba la continuidad del nacionalismo; para otros, la apuesta por la democracia electoral. En su biografía, ambas dimensiones se reforzaron mutuamente hasta el final de su vida.

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