Freno de mano al petróleo para Cuba: Sheinbaum busca ruta diplomática segura

Sheinbaum confirma pausa en envíos de crudo a Cuba; busca no salpicar a México con sanciones y priorizar la diplomacia.

Desde el templete de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum puso este lunes las cartas sobre la mesa y confirmó lo que ya se rumoreaba en los pasillos políticos: el grifo del petróleo hacia Cuba está cerrado, al menos por ahora. Con la franqueza que la caracteriza, la mandataria aclaró que no se trata de dar la espalda a la isla, sino de actuar con «pies de plomo» para evitar que México salga raspado en el complejo tablero geopolítico.

La decisión, explicó Sheinbaum, responde a una lógica de protección nacional pura y dura. La premisa es clara: encontrar una vía diplomática para que La Habana reciba el combustible que tanto le urge, pero sin que esto le cueste a México sanciones, aranceles o un pleito casado con los vecinos del norte, especialmente ahora que las aguas andan movidas con la administración de Donald Trump. «Buscamos evitar afectaciones a México», sentenció, dejando ver que la soberanía no está peleada con la prudencia.

Sin embargo, esto no significa que el gobierno mexicano se haya lavado las manos por completo. Mientras los buques tanqueros se quedan en puerto, la diplomacia mexicana está operando a marchas forzadas, tejiendo fino para destrabar el nudo. La instrucción desde la silla presidencial es clara: ayudar, sí, pero por las buenas y con el reglamento en la mano, buscando que la ayuda humanitaria fluya sin que se convierta en un dolor de cabeza para la economía nacional.

Hay que recordar que apenas hace unos meses, Pemex, a través de su filial «Gasolinas del Bienestar», se había convertido en un tanque de oxígeno vital para la isla, enviando miles de barriles diarios que mantenían encendidas las pocas luces de La Habana. Pero el escenario cambió y ahora toca recalcular la ruta, porque en la política internacional, como en el tráfico del Periférico, un mal movimiento te puede dejar parado un buen rato.

Para que no digan que no hay solidaridad, la Presidenta matizó que la ayuda humanitaria en especie sigue su curso. Apenas este fin de semana, barcos de la Armada de México zarparon de Veracruz cargados hasta el tope, no con oro negro, sino con frijol, maíz y víveres. Es la forma de decir «aquí estamos», echándole la mano al pueblo cubano que la está pasando de la patada con los apagones, pero sin tocar los cables de alta tensión que molestan a Washington.

La situación en la isla es crítica, y eso nadie lo niega. Con un sistema eléctrico que prende y apaga como arbolito de Navidad viejo, Cuba depende casi totalmente del crudo importado. México había entrado al quite tras la caída de los envíos venezolanos, pero las presiones externas, incluidas las amenazas de aranceles y las complicaciones con créditos internacionales como los del Eximbank, han obligado a meter el freno.

En los corrillos financieros se sabe que Pemex, «la joya de la corona», no está para bollos ni para arriesgar sus líneas de crédito. Aunque se ha defendido que las entregas anteriores eran ventas legítimas y no regalos, la lupa internacional está puesta sobre cada barril que sale de Coatzacoalcos. La administración actual lo sabe y prefiere no jugar con fuego cuando la estabilidad del peso y el comercio exterior están en juego.

Así, la estrategia de Sheinbaum es un acto de malabarismo: mantener la histórica amistad con Cuba, herencia de décadas y reforzada en el sexenio anterior, pero blindando los intereses de los mexicanos. Es un «estira y afloja» donde se busca que la solidaridad no nos salga más cara que el caldo, apostando todo al oficio político de la Cancillería para encontrar ese hueco legal o acuerdo tácito que permita reanudar el flujo energético.

Por lo pronto, la moneda está en el aire. La pausa es un hecho y los cubanos tendrán que aguantar vara un rato más mientras los diplomáticos hacen su chamba. México reafirma su soberanía, pero también su pragmatismo: ayudar al amigo está bien, siempre y cuando no se ponga en riesgo la casa propia. Veremos si en los próximos días sale humo blanco… o si seguimos con el petróleo estancado.

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