Irán intensifica ataques en el Golfo tras bombardeos estadounidenses

Irán reanudó sus ataques contra instalaciones estadounidenses y territorios aliados en el Golfo Pérsico, después de que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos completaran una séptima noche consecutiva de bombardeos contra infraestructura militar iraní.

El Comando Central de Estados Unidos informó que sus operaciones alcanzaron centros de vigilancia, instalaciones de logística militar, depósitos subterráneos de armamento y capacidades marítimas iraníes. Los ataques se concentraron principalmente en el sur del país, una zona estratégica por su cercanía con el estrecho de Ormuz.

En respuesta, Irán lanzó nuevas oleadas de misiles y drones contra objetivos vinculados con Estados Unidos en Kuwait y Bahréin. La Guardia Revolucionaria aseguró haber atacado bases militares, aeródromos y centros de inteligencia, aunque parte de esas afirmaciones no pudo ser confirmada de manera independiente.

Entre las instalaciones mencionadas por Teherán se encuentran Camp Arifjan y la Base Aérea Ali Al Salem, en Kuwait, así como la Base Aérea Sheikh Isa, en Bahréin. Las autoridades de los países afectados activaron sus sistemas de defensa y emitieron alertas ante el paso de proyectiles y aeronaves no tripuladas.

La escalada también comenzó a afectar infraestructura de uso civil. Una instalación de generación eléctrica y desalinización de agua en Kuwait fue alcanzada este sábado 18 de julio, lo que provocó un incendio y obligó a detener preventivamente varias unidades mientras equipos de emergencia trabajaban para mantener la estabilidad de los servicios.

El incidente fue el segundo ataque contra instalaciones eléctricas y de agua kuwaitíes en dos días. El Ministerio de Electricidad, Agua y Energías Renovables pidió a la población reducir el consumo durante las horas de mayor demanda para evitar presiones adicionales sobre la red.

Del lado iraní, medios estatales reportaron ataques estadounidenses contra puentes, estaciones de transporte, aeropuertos y áreas cercanas a Bandar Abbas, donde se encuentran el principal puerto comercial de Irán y bases de la Armada y de la Guardia Revolucionaria. También se registraron operaciones en la isla de Qeshm y otras zonas próximas al estrecho de Ormuz.

El intercambio de ataques ocurre una semana después del colapso del frágil acuerdo que había reducido temporalmente las hostilidades. El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró el 9 de julio que consideraba terminado el alto el fuego, después de acusar a Irán de continuar sus acciones contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz.

Washington sostiene que sus operaciones buscan reducir la capacidad iraní de atacar fuerzas estadounidenses, países aliados y embarcaciones comerciales. Teherán, por su parte, afirma que sus acciones constituyen una respuesta a los bombardeos y a la presión naval ejercida por Estados Unidos en sus costas.

El estrecho de Ormuz se mantiene como el principal punto de tensión. Los ataques contra barcos, instalaciones portuarias y rutas terrestres han reducido el tránsito marítimo, elevado los costos de los seguros y generado incertidumbre sobre el suministro internacional de petróleo y gas.

La ampliación de los objetivos representa un cambio relevante en el conflicto. Las operaciones ya no se limitan a bases y sistemas militares, sino que alcanzan puentes, redes eléctricas, plantas de agua y corredores logísticos indispensables para la población y la economía regional.

Organismos internacionales y gobiernos del Golfo han advertido que los ataques contra infraestructura civil aumentan el riesgo humanitario y pueden involucrar directamente a más países. Kuwait y Bahréin han denunciado las incursiones iraníes como violaciones de su soberanía, mientras refuerzan sus defensas y mantienen activos sus planes de emergencia.

Hasta ahora no existe una ruta diplomática clara para detener los ataques. Aunque continúan los contactos indirectos para recuperar algún tipo de entendimiento, las operaciones diarias, el bloqueo marítimo y las acusaciones mutuas han reducido el margen para una nueva tregua.

La confrontación entra así en una etapa de mayor desgaste, con Estados Unidos intentando debilitar las capacidades militares y logísticas de Irán, y Teherán demostrando que conserva medios para responder contra bases, aliados e infraestructura estratégica en toda la región.

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