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Después del fin de semana —con comidas más abundantes, antojos salados, alcohol ocasional y horarios irregulares— es común despertar con la sensación de pesadez, abdomen inflamado y retención de líquidos. Antes de recurrir a productos “detox” milagro, vale la pena volver a dos aliados simples, accesibles y con respaldo científico: el té de hierbabuena y el agua de pepino. No hacen magia, pero sí ayudan a que el cuerpo recupere su equilibrio natural.
La inflamación post-fin de semana suele ser una combinación de gases, digestión lenta, exceso de sodio y ligera deshidratación. Cuando comemos más grasas, azúcares o ultraprocesados, el sistema digestivo trabaja más lento y se producen fermentaciones intestinales. A eso se suma que el alcohol y la sal favorecen la retención de líquidos, lo que se traduce en hinchazón, especialmente en abdomen, manos y rostro.
La hierbabuena ha sido utilizada desde hace siglos como digestivo natural, y hoy se sabe por qué funciona. Sus aceites esenciales, especialmente el mentol, tienen un efecto antiespasmódico sobre el tracto gastrointestinal. Esto significa que ayudan a relajar los músculos del intestino, disminuyendo los cólicos, la sensación de “panza dura” y los gases. Además, estimula la producción de bilis, lo que facilita la digestión de las grasas, muy presentes en comidas de fin de semana.
Tomar té de hierbabuena después de una comida pesada o al iniciar la semana puede aliviar la distensión abdominal y mejorar la sensación general de ligereza. También tiene un efecto ligeramente refrescante y calmante que ayuda a reducir náuseas y malestar digestivo, sin ser agresivo para el estómago.
El agua de pepino, por su parte, actúa desde otro frente. El pepino es más de 95 % agua, pero no es solo “agua con sabor”. Aporta potasio, un mineral clave para contrarrestar el exceso de sodio y favorecer la eliminación de líquidos retenidos. Esto ayuda a reducir la hinchazón generalizada que aparece después de comidas saladas o alcohol.
Además, el pepino contiene compuestos antioxidantes y antiinflamatorios suaves que apoyan al organismo en procesos de recuperación. Al infusionarlo en agua, se obtiene una bebida que incentiva la hidratación —algo fundamental para desinflamar— sin azúcar ni calorías extras. Cuando el cuerpo está bien hidratado, los riñones trabajan mejor y eliminan con mayor eficiencia el exceso de sodio y líquidos.
La combinación de ambos es especialmente efectiva porque atacan la inflamación desde ángulos distintos: la hierbabuena mejora la digestión y reduce gases; el pepino favorece la hidratación y el equilibrio de líquidos. Juntos ayudan a que el abdomen se sienta menos tenso y el cuerpo más ligero en uno o dos días, siempre que se acompañen de una alimentación más sencilla.
Para aprovecharlos mejor, el té de hierbabuena puede tomarse caliente o tibio, una o dos veces al día, idealmente después de comer. El agua de pepino funciona bien como bebida constante durante la mañana o la tarde. No se trata de “compensar” excesos, sino de apoyar al cuerpo mientras vuelve a su ritmo habitual.
Eso sí, ningún té o agua infusionada sustituye hábitos básicos: reducir el consumo de ultraprocesados, moderar el alcohol, moverse un poco más y priorizar alimentos frescos. Pero como ritual de reinicio después del fin de semana, estas dos bebidas cumplen una función real, accesible y sin falsas promesas.
A veces, desinflamarse no requiere suplementos caros ni modas extremas, sino regresar a lo simple: agua, plantas y darle al cuerpo el tiempo y las condiciones para hacer lo que ya sabe hacer bien.
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