Los pingüinos de Galápagos enfrentan una nueva señal de alerta. Durante julio de 2026, investigadores registraron temperaturas de hasta 26 °C en algunas zonas del archipiélago ecuatoriano, cuando en esta época del año el mar suele mantenerse varios grados más frío. El calentamiento está relacionado con el fenómeno de El Niño y podría complicar todavía más la supervivencia de una especie que ya se encuentra catalogada como En Peligro.
El pingüino de Galápagos (Spheniscus mendiculus) es una de las especies más singulares del mundo. Vive prácticamente sobre la línea ecuatorial y ha logrado adaptarse a un ambiente que, pese a encontrarse en una región tropical, mantiene aguas frías gracias a sistemas de corrientes y afloramientos oceánicos.
Pero esa característica también lo vuelve especialmente vulnerable a las alteraciones de la temperatura del mar. Cuando el océano se calienta, disminuye la disponibilidad de los pequeños peces de los que depende para alimentarse y los pingüinos tienen que recorrer mayores distancias para encontrarlos.
“Es una amenaza para los pingüinos. Las poblaciones bajan porque no hay alimento”, explicó Aura Banda, guía naturalista y colaboradora del Centro para Centinelas de los Ecosistemas de la Universidad de Washington, durante una investigación realizada junto con especialistas y organizaciones de conservación.
El monitoreo realizado en julio permitió observar señales que podrían anticipar mayores dificultades durante los próximos meses, especialmente si las condiciones asociadas a El Niño persisten.
Un océano demasiado cálido para una especie acostumbrada al frío
Durante la expedición, la temperatura promedio registrada fue de aproximadamente 25 °C, con algunos puntos que alcanzaron los 26 °C. En condiciones normales, durante julio las aguas de las islas centrales de Galápagos suelen ubicarse entre 19 y 20 °C, mientras que en el oeste pueden descender hasta los 18 °C e incluso llegar a 16 °C.
La diferencia puede parecer pequeña, pero para una especie cuya supervivencia depende de la disponibilidad de peces asociados a aguas frías representa un cambio importante.
Los pingüinos de Galápagos suelen buscar alimento cerca de la costa y pueden bucear hasta unos 20 metros de profundidad, aunque ocasionalmente llegan hasta los 50 metros. Su dieta depende principalmente de peces pequeños como sardinas y anchovetas.
Cuando las aguas superficiales se calientan, estos peces pueden desplazarse hacia zonas más profundas o buscar condiciones más frías. El resultado es que los pingüinos deben invertir más tiempo y energía para conseguir alimento.
Ese esfuerzo adicional tiene consecuencias en momentos críticos de su ciclo de vida. La energía que necesitan para alimentarse también es indispensable para procesos como la muda de plumas y la reproducción.
Las plumas verdes, una señal de que algo no marcha bien
Aura Banda lleva años observando a estos animales durante sus viajes por el archipiélago. Su trabajo como naturalista le permitió comparar fotografías y observaciones realizadas en diferentes años y detectar cambios relacionados con los periodos de El Niño.
En 2015, durante otro episodio del fenómeno climático, encontró pingüinos considerablemente delgados, con plumas deterioradas y cubiertas parcialmente por algas. A estos ejemplares los investigadores y naturalistas comenzaron a identificar coloquialmente como “pingüinos verdes”.
La presencia de algas no significa simplemente que el animal haya estado expuesto a ellas. Puede ser una señal de que pasó más tiempo de lo habitual en el mar buscando alimento.
Normalmente, las plumas del pingüino cuentan con aceites que ayudan a mantenerlo seco. Sin embargo, cuando el animal permanece durante periodos prolongados en el agua, pequeñas cantidades de humedad pueden quedar entre las plumas y favorecer el crecimiento de algas.
Además, cuando la búsqueda de alimento se prolonga, el pingüino puede retrasar la muda. Este proceso requiere una cantidad considerable de energía y, si el alimento escasea, el animal debe priorizar su supervivencia inmediata.
Un monitoreo que encontró señales preocupantes
El estudio de 2026 se realizó en colaboración con diferentes instituciones y especialistas, entre ellos Dee Boersma, investigadora que lleva 56 años estudiando a los pingüinos de Galápagos.
El equipo trabajó en las islas Bartolomé, Isabela, Fernandina y Floreana. En los censos visuales contabilizó 41 pingüinos, mientras que para el monitoreo que implicó captura temporal fueron registrados 48 ejemplares.
Los animales fueron pesados, medidos y fotografiados antes de ser liberados. El procedimiento se realizó buscando reducir al mínimo el tiempo de manipulación y el estrés.
Uno de los hallazgos que más llamó la atención fue la ausencia de nuevos polluelos en los sitios examinados. Los investigadores encontraron principalmente juveniles mayores, con plumaje oscuro, pero no observaron ejemplares recién nacidos.
La información posterior permitió confirmar que algunos pingüinos sí lograron reproducirse, aunque aparentemente fueron pocos los casos.
También se encontró un pingüino juvenil muerto durante la expedición. Su bajo peso llevó a los investigadores a considerar la falta de alimento como una posible causa de muerte. Posteriormente se recibieron reportes de otros tres ejemplares muertos.
Para Banda, encontrar animales muertos no es habitual porque los cuerpos suelen desaparecer en el mar. Por eso, estos registros constituyen una señal que merece especial atención.
El pingüino de Galápagos, un pequeño sobreviviente en el ecuador
La existencia misma del pingüino de Galápagos resulta extraordinaria. Aunque las islas están atravesadas por la línea ecuatorial, su ambiente marino no se comporta como el de una región tropical convencional.
La explicación está en las corrientes oceánicas. La corriente de Humboldt aporta aguas frías y la corriente de Cromwell favorece afloramientos que llevan nutrientes y agua fría hacia la superficie.
Gracias a estas condiciones, los antepasados de los pingüinos pudieron establecerse en el archipiélago y, con el paso del tiempo, adaptarse hasta convertirse en una especie única.
Su pequeño tamaño también forma parte de esa adaptación. El pingüino de Galápagos es uno de los pingüinos más pequeños del planeta, una característica que le permite perder calor con mayor facilidad. También tiene menos plumas alrededor de los pies y pierde parte del plumaje cercano a los ojos para ayudar a regular su temperatura durante la época de reproducción.
Incluso puede jadear, de una manera similar a los perros, para mantenerse fresco.
Pero esas adaptaciones tienen un límite. Si el ambiente marino continúa calentándose y los periodos de aguas cálidas se vuelven más frecuentes o intensos, la disponibilidad de alimento podría disminuir todavía más.
Los afloramientos fríos mantienen viva la esperanza
A pesar de las señales negativas, la expedición también encontró razones para mantener la esperanza.
Aunque la mayoría de los sitios presentaron aguas cálidas, algunos ejemplares capturados acababan de completar su muda. Los investigadores consideran que esto puede estar relacionado con las pulsaciones de agua fría que todavía aparecen en determinadas zonas del archipiélago.
Uno de los lugares más importantes es el área de Elizabeth Bay, en la costa occidental de Isabela, donde los afloramientos pueden proporcionar las condiciones que necesitan los pingüinos y sus presas.
Estos fenómenos son fundamentales porque llevan agua fría y nutrientes hacia zonas donde puede aumentar la productividad marina. Cuando esa productividad disminuye, también pueden desaparecer las grandes concentraciones de peces y, con ellas, las oportunidades de alimentación para los pingüinos.
Durante el monitoreo, los investigadores observaron solamente un breve episodio de “feeding frenzy”, un momento en el que diferentes especies marinas se concentran para alimentarse de manera simultánea.
Normalmente, estos eventos pueden reunir a numerosos pingüinos, piqueros de patas azules y fragatas. Esta vez duró apenas unos dos minutos y participaron pocas aves, una señal que podría indicar una baja disponibilidad de alimento.
No solo El Niño amenaza a la especie
El calentamiento del océano no es el único problema que enfrenta el pingüino de Galápagos. La especie también está expuesta a amenazas relacionadas con la transformación de su hábitat y la introducción de animales invasores.
En las islas, la ausencia histórica de muchos depredadores hizo que varias especies nativas desarrollaran comportamientos relativamente confiados. Esto puede dejarlas especialmente vulnerables frente a animales introducidos como gatos y ratas, que pueden atacar huevos y polluelos.
Durante el monitoreo de 2025, el equipo incluso registró un gato en una zona de anidación.
A esto se suma la pérdida de lugares adecuados para reproducirse. Muchos de los nidos se encuentran en formaciones de toba volcánica que pueden deteriorarse o colapsar. El aumento del nivel del mar también puede cubrir algunos espacios utilizados por las aves.
Ante este problema, Dee Boersma, junto con el conservacionista Godfrey Merlen y la ecóloga Caroline Cappello, comenzó en 2010 un proyecto de construcción de nidos artificiales. Para ello utilizaron fragmentos de lava petrificada con los que crearon túneles que pueden ser utilizados por los pingüinos.
El proyecto continúa bajo seguimiento y algunos de estos refugios ya han sido utilizados por las aves.
El próximo reto será seguirlos durante El Niño
Los investigadores consideran necesario continuar con el monitoreo durante los próximos meses para entender mejor cómo evolucionará la población.
La intención es realizar nuevas observaciones, idealmente en noviembre de 2026 y febrero de 2027, para comparar las condiciones de los pingüinos conforme avance el fenómeno de El Niño.
La preocupación está en que algunos efectos podrían aparecer más tarde. Si la escasez de alimento se prolonga, los animales podrían llegar a la siguiente temporada reproductiva con menos reservas de energía y en peores condiciones físicas.
El problema adquiere mayor relevancia ante el contexto del cambio climático. Para los especialistas, si los episodios de El Niño se vuelven más frecuentes o intensos y las temperaturas oceánicas continúan aumentando, las condiciones que permitieron la supervivencia de esta especie durante miles de años podrían volverse cada vez más difíciles.
El pingüino de Galápagos es considerado un centinela de su ecosistema, porque sus cambios físicos, reproductivos y poblacionales pueden revelar alteraciones que también afectan a otras especies.
Por eso, seguir su rastro significa mucho más que contar pingüinos. Su peso, sus plumas, sus nidos, la presencia de polluelos y hasta la cantidad de peces que encuentran para alimentarse pueden ofrecer una fotografía de la salud del océano.
Con una población estimada de apenas 2,000 a 3,000 individuos, cada cambio importa. La esperanza de los investigadores está puesta en que los ejemplares más resistentes logren sobrevivir al periodo cálido y alcancen nuevamente las temporadas de aguas frías, mientras científicos, autoridades y organizaciones de conservación buscan crear las mejores condiciones posibles para que la especie pueda continuar habitando las Islas Encantadas.
