La Jabalinada por Bruno Cortés
El domingo 1 de febrero de 2026, mientras la ciudad hacía su domingo chilango —entre los recalentados y noticieros con cara de “otra vez”—, Adán Augusto López Hernández soltó la bomba: renunció de inmediato a la coordinación de Morena en el Senado y a la presidencia de la Jucopo, cargo que traía colgado desde septiembre de 2024. Y no fue una salida tersa, de ésas con violines: llegó envuelto en siete meses de fuego mediático, señalamientos por presuntos nexos con “La Barredora”, preguntas sobre fortunas no aclaradas y un desgaste que se venía cocinando desde septiembre de 2025, cuando el caso Hernán Bermúdez Requena reventó como cohete mal amarrado. La bancada, en un acto de unidad quirúrgica, eligió por unanimidad a Ignacio Mier Velazco para relevarlo. Así, sin pestañear… como si el humo no estuviera saliendo por las ventanas.
2025 fue un año raro: el país caminó como quien va en Iztapalapa de madrugada, con la mirada al frente y el presentimiento atrás. En ese ambiente, lo del Senado no es chisme palaciego: es síntoma. Porque desde septiembre de 2025, cuando se destapó el caso de Bermúdez —exsecretario de Seguridad Pública en Tabasco— detenido el 13 de septiembre como presunto líder de “La Barredora”, señalada como brazo del CJNG, la política empezó a oler a gasolina. Y cuando la gasolina huele, el Centro Histórico grita: se escucharon protestas, se colaron reclamos, y el pleno se volvió ring con micrófono.
En paralelo, se apilaron reportajes y expedientes como si fueran cajas de archivo en bodega húmeda: investigaciones periodísticas hablaron de presuntas discrepancias patrimoniales —79 millones de pesos de ingresos entre 2023 y 2024, provenientes de empresas privadas, algunas vinculadas a contratistas de su gobierno en Tabasco y otras señaladas como posibles “fantasmas”— con dudas sobre su consistencia ante el Senado y el SAT. Y como en México todo puede escalar, llegaron denuncias ante la Contraloría Interna y se mencionaron 37 querellas en la FGR por irregularidades; además, el ruido de la ASF retumbó con señalamientos de más de 700 millones de pesos no aclarados. No es sentencia: es una montaña de preguntas, y las preguntas también tumban carreras.
Adán Augusto no sólo cargó expedientes: cargó también el costo político de sus apuestas internas. Respaldó a Gerardo Fernández Noroña (PT) para presidir la Mesa Directiva del Senado entre septiembre de 2024 y agosto de 2025, decisión que prendió roces en la coalición como cerillo en pasto seco. En septiembre de 2025, el relevo llegó con Laura Itzel Castillo Juárez (Morena), pero el clima no se enfrió: en 2025 la política nacional se volvió un cuarto sin ventanas, y el Senado respiró esa misma falta de oxígeno.
Las sesiones bajo su mando se distinguieron por choques duros con la oposición —PAN, PRI, MC—: acusaciones cruzadas, bloqueos mutuos, y reformas que se atoran como tráiler en Viaducto. Ahí quedaron las broncas alrededor de la reforma electoral y la jornada laboral, convertidas en pleito de megáfono: unos diciendo “ustedes frenan”, otros contestando “ustedes atropellan”. Y no sólo fue con los de enfrente: con aliados del PT y PVEM también hubo fricciones por falta de consensos en la agenda prioritaria. La “unidad” se parecía más a un taxi con cuatro pasajeros peleándose por la música.
En medio del incendio, la cercanía con Andrea Chávez Treviño alimentó especulaciones internas: apariciones conjuntas, defensas públicas, gestos de “aquí seguimos” cuando arreciaba la tormenta. En Morena, ya se sabe: un abrazo en foto puede ser alianza, advertencia o pre-campaña. 2025 consolidó esa lógica: la política dejó de hablar en documentos y empezó a hablar en señales.
A eso súmale el capítulo de los fichajes incómodos. La llegada de perfiles como Miguel Ángel Yunes Márquez (ex panista veracruzano) y Cinthia López Castro (ex priista capitalina), avalados por López Hernández, provocó críticas por supuestos reclutamientos oportunistas que dividieron al partido. En un movimiento que pretendía músculo, muchos vieron costura: el pragmatismo como doctrina y la identidad como accesorio. Y en un país cansado, 2025 enseñó que el oportunismo no se perdona: se cobra.
Las controversias siguieron: señalamientos sobre uso de aviones militares para traslados y la distribución masiva del libro “Grandeza” del expresidente López Obrador en diciembre de 2025, acusadas por la oposición como mal uso de recursos públicos. En ese contexto, su renuncia cayó con eco. Noroña la llamó “una mala decisión en un mal momento”. Claudia Sheinbaum la describió como una decisión personal y confirmó que López Hernández avisó días antes a Rosa Icela Rodríguez, que dicho sea de paso es una de las secretarias más duras de la administración y seguramente esa plática no fue en buenos términos. Y en la capital, analistas leen el movimiento como un reacomodo para estabilizar a Morena ante pendientes como el T-MEC y presiones externas: cuando vienen curvas internacionales, el partido intenta apretar tuercas internas.
Adán Augusto reiteró su lealtad a la Cuarta Transformación, sin responder de frente a cada señalamiento que lo persiguió como sombra en banqueta. Se queda como senador, dice que se enfocará en trabajo territorial en la cuarta circunscripción rumbo a 2027, como quien se baja del escenario para ir a mover butacas. Pero la imagen final queda clavada: el Senado como un edificio que intenta barrer el hollín sin apagar el incendio. Y ahí, en el pasillo, la política mexicana hace su gesto favorito: se ajusta la corbata frente al espejo, sonríe para la foto… y pisa con cuidado para no dejar huellas en la ceniza.







