El consumo elevado de alimentos ultraprocesados podría estar influyendo de forma más profunda de lo que se pensaba en la fertilidad y en las primeras etapas del embarazo. Un estudio reciente liderado por la Universidad Erasmus de Rotterdam encontró que estos productos no solo se asocian con una menor capacidad reproductiva en los hombres, sino también con alteraciones en el desarrollo temprano del embrión.
La investigación, publicada en la revista Human Reproduction, analizó a 831 mujeres y 651 parejas masculinas participantes del programa Generation R Study Next, un seguimiento a largo plazo que observa la salud de los padres desde antes de la concepción y durante la infancia de sus hijos.
Los alimentos ultraprocesados —conocidos como UPF por sus siglas en inglés— son productos industriales con altos niveles de azúcares añadidos, sal, grasas saturadas y trans, además de aditivos, y con bajo contenido de fibra y nutrientes esenciales. Su consumo ha crecido de manera acelerada en todo el mundo, desplazando a alimentos frescos y mínimamente procesados en muchas dietas.
Para entender su impacto, los investigadores evaluaron la alimentación de las parejas al inicio del embarazo, alrededor de la semana 12, clasificando los alimentos según su grado de procesamiento. También analizaron indicadores clave como el tiempo necesario para lograr el embarazo, la probabilidad mensual de concepción y la presencia de subfertilidad.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que, en los hombres, una mayor ingesta de ultraprocesados se relacionó con un mayor riesgo de baja fertilidad y con periodos más largos para conseguir el embarazo. Este resultado refuerza la idea de que la salud reproductiva masculina juega un papel fundamental en la concepción, un aspecto que históricamente ha recibido menor atención.
En el caso de las mujeres, el consumo de estos productos no mostró una relación consistente con la fertilidad o el tiempo hasta el embarazo. Sin embargo, sí se observó un efecto en el desarrollo embrionario temprano. Los fetos de mujeres con mayor ingesta de ultraprocesados presentaron un crecimiento ligeramente más lento y sacos vitelinos más pequeños durante las primeras semanas de gestación.
El saco vitelino es una estructura esencial en el desarrollo inicial del embrión, ya que proporciona nutrientes y participa en la formación de células sanguíneas. Alteraciones en su tamaño pueden asociarse con un mayor riesgo de complicaciones como aborto espontáneo o parto prematuro.
Además, un crecimiento embrionario más lento en el primer trimestre se ha vinculado con consecuencias a largo plazo, como bajo peso al nacer y un mayor riesgo de problemas cardiovasculares en la infancia. Estos datos sugieren que la alimentación previa y durante las primeras semanas del embarazo podría tener efectos duraderos en la salud del futuro bebé.
En cuanto al consumo, el estudio encontró que los ultraprocesados representaban en promedio el 22% de la dieta de las mujeres y el 25% en los hombres en Países Bajos. Estas cifras son considerablemente menores que en países como Reino Unido o Estados Unidos, donde pueden alcanzar hasta el 50% de la ingesta diaria.
Aunque los autores advierten que se trata de un estudio observacional —lo que significa que no establece una relación causal directa—, consideran que los resultados son lo suficientemente relevantes como para replantear el papel de la alimentación en la fertilidad. En particular, subrayan la necesidad de incluir a los hombres en las estrategias de salud reproductiva.
Reducir el consumo de alimentos ultraprocesados antes de la concepción y durante el embarazo emerge así como una medida potencialmente beneficiosa tanto para aumentar las probabilidades de embarazo como para favorecer un desarrollo embrionario saludable.
En un contexto donde estos productos son cada vez más comunes, el estudio invita a mirar más allá de la comodidad y a reconsiderar la calidad de la dieta como un factor clave desde las primeras etapas de la vida, incluso antes de que esta comience.






