Cáncer de pulmón en personas que nunca fumaron: la enfermedad que preocupa cada vez más a los científicos

Una convulsión inesperada mientras realizaba una actividad cotidiana cambió la vida de Lily Nguyen. La residente de Los Ángeles nunca había fumado y no tenía antecedentes familiares conocidos de cáncer de pulmón. Sin embargo, tras una serie de estudios médicos realizados en 2025, recibió un diagnóstico que sorprendió tanto a ella como a quienes la rodeaban: cáncer de pulmón en etapa avanzada con metástasis cerebral.

Su historia, difundida por la revista científica Nature, refleja una realidad que cada vez recibe mayor atención por parte de la comunidad médica. Aunque el tabaquismo continúa siendo el principal factor de riesgo para desarrollar cáncer de pulmón, los especialistas observan un incremento en los casos diagnosticados en personas que nunca han fumado, un fenómeno que ya se considera una entidad clínica y biológica distinta.

De acuerdo con datos del World Cancer Research Fund basados en estadísticas de GLOBOCAN, durante 2022 se registraron más de 2.4 millones de nuevos casos de cáncer de pulmón en el mundo y alrededor de 1.8 millones de muertes asociadas a esta enfermedad. Aunque la mayoría de los diagnósticos sigue relacionada con el consumo de tabaco, investigadores advierten que la proporción de pacientes no fumadores continúa creciendo en distintas regiones del planeta.

La tendencia resulta particularmente visible entre mujeres asiáticas jóvenes, un grupo en el que se han detectado patrones específicos que difieren de los observados en fumadores. Los expertos señalan que este tipo de cáncer presenta características moleculares propias y responde a factores de riesgo distintos, lo que obliga a replantear estrategias de prevención, detección y tratamiento.

La oncóloga torácica Jaclyn LoPiccolo, del Dana-Farber Cancer Institute, explicó que el cáncer de pulmón en personas que nunca fumaron ya es considerado una enfermedad con características biológicas diferenciadas. Por su parte, el investigador Charles Swanton, del Francis Crick Institute de Londres, destacó que el aumento de casos no puede explicarse únicamente por la reducción del tabaquismo, sino que existe un crecimiento real en el número absoluto de diagnósticos entre no fumadores.

Las causas detrás de este fenómeno aún están siendo investigadas, pero los científicos han identificado diversos factores que podrían desempeñar un papel importante. Entre ellos figura la contaminación atmosférica, considerada una de las principales hipótesis. Diversos estudios han encontrado una relación entre la exposición prolongada a partículas contaminantes y la aparición de mutaciones asociadas al cáncer de pulmón.

Otro factor de riesgo relevante es el radón, un gas radiactivo natural que puede acumularse en espacios cerrados y cuya exposición prolongada ha sido vinculada con el desarrollo de esta enfermedad. Asimismo, en algunas regiones de Asia se ha observado una asociación entre el cáncer de pulmón y el uso de combustibles sólidos, como el carbón, para cocinar en interiores con ventilación deficiente.

La genética también desempeña un papel importante. Los investigadores han identificado mutaciones adquiridas, es decir, no heredadas, que aparecen con frecuencia en pacientes no fumadores. Una de las más estudiadas es la mutación del gen EGFR, especialmente común en mujeres asiáticas diagnosticadas con la enfermedad. Estas alteraciones permiten que las células cancerosas crezcan y se multipliquen de manera descontrolada.

Además, los científicos exploran otras posibles causas, entre ellas la exposición a microplásticos, algunos componentes presentes en alimentos ultraprocesados y ciertas hierbas utilizadas en la medicina tradicional. Aunque estas hipótesis aún requieren mayor evidencia, reflejan la complejidad de una enfermedad cuyo origen parece involucrar múltiples factores ambientales y biológicos.

Uno de los principales desafíos es la detección temprana. Debido a que los programas de cribado o tamizaje suelen estar dirigidos a personas con antecedentes importantes de tabaquismo, muchos pacientes no fumadores quedan fuera de los controles preventivos. Como resultado, la enfermedad suele descubrirse en etapas avanzadas, cuando las opciones curativas son más limitadas.

Investigaciones recientes han demostrado que ampliar los criterios de detección podría marcar una diferencia significativa. Un estudio citado por Nature estima que, si los programas de cribado incluyeran a personas de entre 40 y 85 años independientemente de su historial de tabaquismo, la detección podría alcanzar hasta el 94 % de los casos y evitar decenas de miles de muertes cada año.

En cuanto al tratamiento, los avances de las últimas dos décadas han transformado el pronóstico para muchos pacientes. Las terapias dirigidas, diseñadas para atacar mutaciones específicas presentes en las células tumorales, han permitido prolongar significativamente la supervivencia. Mientras que hace 20 años la expectativa de vida promedio para pacientes con cáncer de pulmón avanzado era de apenas unos meses, actualmente algunos enfermos tratados con estos medicamentos pueden mantener la enfermedad controlada durante varios años.

El caso de Lily Nguyen es un ejemplo de ello. Gracias a una terapia dirigida, los tumores detectados en sus pulmones y cerebro se han reducido considerablemente. Aunque continúa enfrentando efectos secundarios y la incertidumbre propia de una enfermedad crónica, su experiencia también refleja el impacto de los avances médicos en un tipo de cáncer que durante mucho tiempo fue asociado exclusivamente al tabaquismo.

Los especialistas coinciden en que comprender mejor los factores que provocan cáncer de pulmón en personas no fumadoras será fundamental para desarrollar estrategias más eficaces de prevención y diagnóstico. Mientras la investigación avanza, el aumento de casos confirma que esta enfermedad ya no puede entenderse únicamente a través de la relación tradicional con el cigarro.

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