La herejía en la SEP

Los Demonios del Poder

La herejía en la SEP

Carlos Lara Moreno

En el poder, las salidas nunca son administrativas: son políticas. Y cuando no son silenciosas, son advertencias.

La rebelión en la Secretaría de Educación Pública encabezada por Marx Arriaga no fue un simple relevo burocrático. Fue un choque entre dos lógicas: la del militante que se asume guardián ideológico y la de la presidenta que necesita gobernabilidad. Cuando a Arriaga se le ofreció la embajada en Costa Rica como salida institucional y la rechazó, el conflicto dejó de ser técnico. Se volvió simbólico.

En el obradorismo, las embajadas han sido premio, retiro o exilio elegante. En este caso, parecía lo tercero. La oferta implicaba una salida digna, sin ruptura pública. Pero Arriaga eligió el martirio antes que el acomodo. Y en política, el que se victimiza busca convertirse en referencia moral de los inconformes.

El fondo del pleito no son los libros de texto. Es el control del relato.

Los nuevos materiales de la Nueva Escuela Mexicana han sido acusados de tener una carga ideológica con guiños al pensamiento anticapitalista y comunitarista que muchos identifican como sesgo de izquierda radical. Más allá del adjetivo “comunista”, que ha servido como arma electoral, el debate real es si el Estado puede moldear identidad política desde el aula sin abrir deliberación amplia. El problema no es que haya perspectiva social; el problema es cuando la pedagogía se convierte en catecismo.

Claudia Sheinbaum tomó una decisión quirúrgica: defendió los libros, pero retiró al operador. Continuidad en el discurso, cambio en el mando. El mensaje fue claro: el proyecto no se toca, pero nadie es indispensable. Es una fórmula de equilibrio. Conserva la narrativa obradorista sin cargar con el costo de sus exponentes más incendiarios.

La pregunta de fondo es si estamos ante un proceso más amplio: ¿Sheinbaum está desplazando cuadros ligados al núcleo duro de Andrés Manuel López Obrador para consolidar su propio poder?

El antecedente de Alejandro Gertz Manero sugiere que sí existe una lógica de cierre de ciclo. No necesariamente una ruptura con AMLO, sino un reacomodo generacional y estratégico. La presidenta necesita interlocución con sectores económicos, gobernadores, actores internacionales. Para eso requiere perfiles menos ideologizados y más pragmáticos. Gobernar exige menos consigna y más operación.

Pero hay un riesgo.

Cada salida de un perfil identificado con la ortodoxia obradorista puede alimentar la narrativa de traición. Y en Morena, las disputas internas rara vez se quedan en lo interno. El movimiento vive de símbolos. Y cuando alguien se presenta como expulsado por defender la “pureza”, se convierte en referente para la base más radical.

Lo que ocurrió en la SEP revela algo más profundo: el tránsito del obradorismo de movimiento a régimen. Los movimientos toleran la épica; los gobiernos necesitan disciplina. Los movimientos celebran la confrontación; los gobiernos pagan sus costos.

Arriaga representaba la fase combativa, culturalmente beligerante del proyecto. Sheinbaum parece apostar por una fase de estabilización. No es ideológica la diferencia; es de método.

En el fondo, Los Demonios del Poder no son doctrinarios. Son de control. ¿Quién define la línea? ¿Quién hereda la autoridad moral? ¿Quién decide cuándo una bandera deja de ser útil?

Si la presidenta logra administrar estos reacomodos sin fractura visible, consolidará mando propio. Si la narrativa de purga prende en la base, abrirá un flanco que la oposición no había conseguido: la división interna.

 

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