Una investigación reciente concluye que disfrutar de la comida durante la infancia se asocia con un mayor seguimiento de una dieta saludable a largo plazo. El hallazgo forma parte de un nuevo análisis del proyecto CORALS, liderado por el grupo GENUD de la Universidad de Zaragoza, el Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón) y el área de Obesidad y Nutrición del CIBEROBN.
El trabajo, publicado en la revista European Journal of Nutrition, analizó a 1.407 menores de entre 3 y 6 años procedentes de siete ciudades españolas, con el objetivo de evaluar cómo distintos rasgos del comportamiento alimentario influyen en la calidad de la dieta en la primera infancia.
Un periodo crítico desde el nacimiento
Los investigadores subrayan que el comportamiento alimentario —definido como la forma en que cada persona come— comienza a desarrollarse desde el nacimiento y está determinado por factores biológicos, ambientales y sociales.
La primera infancia constituye un periodo crítico, ya que los patrones que se consolidan en esta etapa tienden a mantenerse en la adolescencia y la adultez.
El estudio distingue dos grandes dimensiones en el comportamiento alimentario: los “rasgos de aproximación”, como el disfrute de la comida y la respuesta positiva ante los alimentos; y los “rasgos de evitación”, como la respuesta a la saciedad o la selectividad alimentaria, es decir, el rechazo frecuente a determinados alimentos.
Comprender estos rasgos en edades tempranas ofrece una oportunidad para promover trayectorias alimentarias más saludables y prevenir problemas nutricionales en etapas posteriores.
Disfrutar la comida mejora la calidad de la dieta
Los resultados muestran que el rasgo denominado “disfrute por la comida” se asocia con un mayor consumo de frutas, verduras, pescado, legumbres y cereales integrales, así como con una menor ingesta de dulces y productos azucarados.
En contraste, la selectividad alimentaria se relaciona con un patrón menos saludable, caracterizado por menor consumo de alimentos frescos y mayor presencia de productos azucarados.
Tras identificar patrones dietéticos diferenciados entre niños y niñas, los investigadores confirmaron que el disfrute de la comida y la selectividad son los factores que más influyen en que un menor siga una alimentación más o menos equilibrada.
Según las conclusiones, los rasgos del comportamiento alimentario están claramente asociados con la calidad de la dieta en la primera infancia: disfrutar de la comida favorece una alimentación saludable, mientras que ser excesivamente selectivo puede comprometerla.
Una herramienta para prevenir la obesidad infantil
El equipo investigador destaca que tanto los comportamientos alimentarios como la ingesta son factores modificables, lo que abre la puerta a intervenciones preventivas desde edades tempranas. Estos rasgos no solo influyen en la cantidad de alimentos que se consumen, sino también en su tipo y calidad.
Los hallazgos pueden contribuir al diseño de estrategias de educación alimentaria adaptadas a la etapa preescolar, involucrando a familias, profesionales sanitarios y centros educativos para fomentar una mayor variedad en la dieta.
La investigación cobra especial relevancia en un contexto en el que el sobrepeso y la obesidad infantil continúan en aumento. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el 18 % de la población mundial entre 5 y 19 años presenta sobrepeso u obesidad. En España, el 36,1 % de los escolares de entre 6 y 9 años vive con exceso de peso, de acuerdo con el estudio ALADINO 2023.
Ante estas cifras, los autores subrayan la necesidad urgente de estrategias preventivas que comiencen en los primeros años de vida. Fomentar una relación positiva con la comida, lejos de imposiciones o conflictos, podría ser una de las claves para construir hábitos saludables duraderos y reducir el riesgo de obesidad en el futuro.






