Brugada presume reducción de inundaciones mientras CDMX acelera obras hidráulicas

La Ciudad de México destinó en 2026 una cifra histórica de 19 mil millones de pesos a infraestructura hidráulica, un aumento de 45 por ciento respecto de años anteriores, con alrededor de 600 obras enfocadas en agua potable y drenaje. El Gobierno capitalino sostiene que estas inversiones ya han comenzado a reducir las afectaciones por lluvias, aunque los trabajos continúan en zonas que históricamente enfrentan problemas de inundación, como la alcaldía Venustiano Carranza.

Durante un recorrido de supervisión por obras hidráulicas en esa demarcación, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, afirmó que el presupuesto destinado a la Secretaría de Gestión Integral del Agua (SEGIAGUA) representa un incremento respecto de los entre 12 mil y 13 mil millones de pesos asignados en años anteriores. La mandataria adelantó que su administración buscará mantener el fortalecimiento presupuestal del sector durante 2027.

De acuerdo con el gobierno capitalino, de los recursos ejercidos este año, 3 mil 360 millones de pesos corresponden a 318 obras y acciones de drenaje, mientras que al considerar las intervenciones de agua potable se contabilizan cerca de 600 proyectos hidráulicos en distintas zonas de la capital. Brugada señaló que las acciones forman parte de un nuevo modelo de gestión que busca atender tanto el suministro como la conducción y aprovechamiento del agua de lluvia.

Uno de los indicadores utilizados por las autoridades para medir los avances se encuentra en Venustiano Carranza. Según cifras oficiales, en 2025 más de mil familias resultaron afectadas por inundaciones en diversas colonias de la demarcación, mientras que durante 2026 el número se redujo a alrededor de 270, aun cuando varias de las obras de infraestructura permanecen en proceso. Para atender a las familias afectadas por las lluvias de este año se destinaron, además, 16.5 millones de pesos.

En esta alcaldía se ejecutan ocho obras hidráulicas con una inversión de 150 millones de pesos, destinadas a reducir riesgos en vialidades y viviendas y con un impacto estimado en alrededor de 50 mil familias. El Gobierno capitalino informó que las intervenciones tienen como fecha prevista de conclusión el cierre de septiembre, por lo que parte de sus resultados deberá evaluarse una vez que entren plenamente en operación.

Entre los proyectos destaca el nuevo muro perimetral del Parque Lineal del Gran Canal, de mil 267 metros de longitud y tres metros de altura. La estructura permitirá incrementar la capacidad de regulación del parque de 30 mil a 80 mil metros cúbicos, equivalentes a 80 millones de litros de agua, con el objetivo de impedir que el líquido salga del cajón del Gran Canal y alcance las viviendas cercanas.

El secretario de Gestión Integral del Agua, José Mario Esparza, explicó que el problema se presenta cuando el cajón del Gran Canal alcanza niveles elevados durante lluvias intensas y el agua puede salir por estructuras de ventilación hacia el espacio público. Las autoridades recurrieron previamente a costaleras como medida provisional, mientras se construía la infraestructura que ahora se plantea como una solución de mayor permanencia.

Otra de las intervenciones relevantes es la rehabilitación de la planta de bombeo 5A. Según SEGIAGUA, su capacidad pasó de 2 mil litros por segundo en 2024 a 6 mil en 2025 y actualmente alcanza 10 mil litros por segundo. También fueron instalados un generador y un transformador eléctrico para mantener la operación del sistema ante eventuales fallas en el suministro de energía.

A estas acciones se suma el desazolve y limpieza de 100 kilómetros de redes primaria y secundaria de drenaje, con el retiro de lodos, basura y sedimentos que reducen la capacidad de conducción. En coordinación con la alcaldía, en la red secundaria de Venustiano Carranza se han retirado 82 metros cúbicos de azolve en aproximadamente 50 kilómetros y se revisaron más de mil 500 accesorios.

En la colonia El Parque se rehabilitaron 170 metros de la red de atarjeas mediante tecnología sin zanja. El procedimiento permite introducir una manga dentro de la tubería existente y convertirla en un nuevo conducto mediante luz ultravioleta, con lo que se evita abrir el pavimento. De acuerdo con SEGIAGUA, esta técnica puede reducir los tiempos de intervención de alrededor de dos meses a dos semanas y extender por más de cinco décadas la vida útil de las tuberías rehabilitadas.

Sin embargo, los datos también muestran la dimensión del desafío. Entre enero y agosto de 2026, una estación hidrométrica de la zona acumuló 560 milímetros de lluvia, 4.3 por ciento más que los 537 milímetros registrados durante el mismo periodo de 2025. La reducción de afectaciones, por tanto, ocurre en un contexto de mayores precipitaciones, aunque será necesario observar el comportamiento de la infraestructura durante eventos extremos y una vez concluidas las obras.

La administración capitalina también impulsa el programa de Acupuntura Hídrica, que contempla intervenir 100 puntos estratégicos para favorecer la infiltración del agua de lluvia y disminuir los volúmenes que llegan al sistema de drenaje. La estrategia busca reducir la presión sobre la infraestructura y, al mismo tiempo, limitar la extracción de agua del subsuelo.

El reto para las autoridades será convertir el incremento presupuestal y el volumen de obras en resultados sostenibles. La reducción de familias afectadas reportada en Venustiano Carranza representa un avance, pero la persistencia de inundaciones y la necesidad de recurrir a infraestructura provisional en temporadas anteriores evidencian que el problema hidráulico de la capital requiere mantenimiento permanente, planeación de largo plazo y evaluación pública de los resultados.

La apuesta de 19 mil millones de pesos coloca al agua y al drenaje entre las principales prioridades de inversión del Gobierno de la Ciudad de México. No obstante, el desempeño de las nuevas obras, su capacidad para enfrentar lluvias cada vez más intensas y la reducción efectiva de riesgos para la población serán los principales indicadores para determinar si el gasto histórico logra traducirse en una solución estructural para las zonas más vulnerables.

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