Mirar el cielo desde una ciudad y hacerlo desde una zona oscura puede producir experiencias muy diferentes. Parte de esa distancia se explica por la contaminación lumínica: la luz artificial que se dispersa en la atmósfera aumenta el brillo del cielo y dificulta distinguir los cuerpos celestes.
El Instituto de Astronomía de la UNAM describe este problema como resultado de una iluminación innecesaria o mal utilizada en intensidad, dirección y horarios. No toda luz cumple la misma función, y la que escapa fuera del espacio previsto puede convertirse en desperdicio.
Cuando el resplandor de calles, edificios y anuncios llega al cielo, compite con la luz de las estrellas. El efecto limita la observación a simple vista y también puede afectar el trabajo de telescopios profesionales, que necesitan condiciones adecuadas para estudiar objetos lejanos.
La revista de divulgación ¿Cómo ves?, de la UNAM, recuerda que iluminar las calles facilita el tránsito y tiene beneficios para las personas. El desafío consiste en mantener esa utilidad sin aumentar innecesariamente la luz que se dirige hacia arriba o invade espacios que no necesitan alumbrado.
La discusión también alcanza a otras especies. La publicación universitaria explica que la iluminación constante puede alterar sus ciclos naturales, de modo que el problema no se reduce a recuperar una vista más atractiva del firmamento.
Una medida propuesta por las fuentes universitarias es utilizar luminarias que dirijan la luz hacia el área que debe alumbrarse. Evitar que escape hacia arriba permite hacer más preciso su uso y reduce la iluminación que termina fuera del objetivo original.
También conviene revisar durante cuánto tiempo se requiere luz y qué intensidad necesita cada actividad. El Instituto de Astronomía menciona temporizadores y detectores de movimiento para espacios donde la iluminación permanente resulta innecesaria, siempre atendiendo las condiciones de uso del lugar.
En una vivienda, la revisión puede comenzar por lámparas de patios, fachadas o azoteas. Identificar si iluminan el suelo, si apuntan al cielo o si permanecen encendidas sin necesidad ayuda a encontrar cambios concretos sin modificar toda la instalación.
Recuperar cielos más oscuros exige decisiones domésticas y políticas de alumbrado. La pregunta útil es dónde, cuándo y cuánta luz se necesita: iluminar con precisión permite conservar beneficios urbanos y reducir un resplandor que nos aleja de las estrellas.
Imagen ilustrativa generada con IA.
