Por Juan Pablo Ojeda
El 8 de noviembre de 1519 ocurrió uno de los episodios más estudiados de la historia de México: el primer encuentro entre Moctezuma Xocoyotzin, tlatoani de Tenochtitlan, y Hernán Cortés, capitán de la expedición española que había desembarcado meses antes en las costas del Golfo. A 507 años de distancia, aquel momento sigue siendo punto de partida para entender la conquista, la caída de la capital mexica y el nacimiento de una nueva sociedad.
El camino hacia Tenochtitlan
La expedición de Cortés llegó a la costa de lo que hoy es Veracruz en la primavera de 1519. En los meses siguientes avanzó tierra adentro, estableció alianzas con pueblos sometidos o enemistados con los mexicas, como los totonacas y, tras enfrentamientos iniciales, los tlaxcaltecas, y protagonizó episodios violentos como la matanza de Cholula.
Moctezuma conocía desde tiempo atrás la presencia de los extranjeros. Las fuentes coinciden en que envió embajadas con regalos y mensajes que buscaban, según distintas interpretaciones, disuadirlos de avanzar o conocer sus intenciones. Pese a ello, los españoles y sus aliados indígenas continuaron su marcha y cruzaron entre los volcanes hacia el valle de México.
El encuentro en la calzada
Tenochtitlan era entonces una ciudad lacustre de enorme tamaño, conectada con tierra firme por calzadas. Los españoles entraron por la calzada que unía la ciudad con Iztapalapa, por el sur. Ahí, en un punto que las crónicas sitúan en las inmediaciones de lo que hoy es el Centro Histórico de la Ciudad de México, Moctezuma salió a recibirlos acompañado de señores principales.
Una placa conmemorativa recuerda el sitio del encuentro en la esquina de las actuales avenidas Pino Suárez y República de El Salvador, junto al antiguo Hospital de Jesús, institución fundada poco después de la conquista.
Las crónicas describen un ceremonial elaborado: Moctezuma llegó en andas, bajo un palio, y los señores que lo acompañaban barrían el suelo y extendían mantas a su paso. Cortés intentó abrazarlo, pero los nobles mexicas lo impidieron, pues no estaba permitido tocar al tlatoani. Hubo intercambio de collares y discursos traducidos por Malintzin, conocida también como Marina o la Malinche, y por Jerónimo de Aguilar.
Lo que dicen las fuentes
El episodio se conoce por varias fuentes de distinto origen. Hernán Cortés lo narró en su Segunda Carta de Relación dirigida a Carlos V, un texto escrito para justificar sus acciones ante la Corona. Bernal Díaz del Castillo, soldado de la expedición, lo describió décadas después en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.
La visión indígena se conserva, entre otras obras, en el Códice Florentino, elaborado bajo la dirección de fray Bernardino de Sahagún con informantes nahuas. Esta fuente ofrece otra mirada sobre el encuentro y sobre los presagios y temores que, según la tradición recogida, se vivían en la ciudad.
Los historiadores han señalado que estas versiones deben leerse con cuidado. Algunos discursos atribuidos a Moctezuma, en los que supuestamente reconocía a los españoles como herederos de un antiguo señorío, han sido objeto de debate, pues pudieron ser reelaborados para dar legitimidad a la conquista.
Del hospedaje a la caída
Tras el encuentro, los españoles fueron alojados en el palacio de Axayácatl, padre de Moctezuma, en el corazón de la ciudad. La convivencia se tensó rápidamente. Días después, Cortés tomó prisionero al tlatoani, y en los meses siguientes se sucedieron episodios como la matanza del Templo Mayor, ordenada por Pedro de Alvarado durante una celebración mexica, y la muerte de Moctezuma en circunstancias que las fuentes narran de forma contradictoria.
En 1520, los españoles fueron expulsados de la ciudad en la llamada Noche Triste. Al año siguiente regresaron con miles de aliados indígenas y, tras un largo sitio agravado por una epidemia de viruela, Tenochtitlan cayó el 13 de agosto de 1521.
Una fecha para la reflexión
En 2019, al cumplirse 500 años del encuentro, instituciones académicas y culturales organizaron actividades para revisar el episodio desde distintas perspectivas. Hoy la historiografía subraya el papel decisivo de los pueblos indígenas aliados, la complejidad política del mundo mesoamericano y las consecuencias demográficas y culturales de la conquista.
Recordar el 8 de noviembre de 1519 no implica celebrar ni condenar de manera simple, sino comprender un proceso que transformó el territorio y cuyas huellas siguen visibles en el idioma, la religión, la cocina y la traza misma de la capital del país.
