Los perros sí entienden nuestras emociones: su cerebro distingue alegría, miedo, ira y tristeza

Durante miles de años, los perros han desarrollado una estrecha relación con los seres humanos, hasta convertirse en expertos en interpretar algunas de nuestras señales sociales. Muchos dueños aseguran que sus mascotas saben cuándo están contentos, preocupados o tristes, pero hasta ahora la ciencia tenía dificultades para determinar qué ocurría exactamente dentro del cerebro canino cuando los animales observaban una expresión humana.

Una investigación realizada por un equipo de la Universidad de Viena aporta ahora una evidencia directa. Los científicos analizaron la actividad cerebral de perros domésticos mientras observaban fotografías de personas desconocidas que mostraban diferentes emociones y encontraron que sus cerebros respondían de manera específica ante las expresiones de alegría, ira, miedo y tristeza.

El estudio, publicado en la revista científica iScience, de Cell Press, involucró a 12 perros domésticos, que fueron sometidos a escáneres cerebrales mientras observaban rostros humanos con distintas expresiones emocionales.

Los resultados sugieren que los perros no perciben simplemente que una persona tiene un rostro «positivo» o «negativo», sino que pueden diferenciar entre distintas emociones expresadas por los seres humanos.

La felicidad provoca una respuesta cerebral particular

Uno de los resultados más llamativos apareció cuando los perros observaron rostros humanos sonrientes o que expresaban felicidad.

Estas imágenes activaron de manera particular algunas regiones del cerebro asociadas con funciones cognitivas superiores y con el procesamiento de recompensas, entre ellas la corteza temporal y el núcleo caudado.

La actividad registrada en el núcleo caudado llamó especialmente la atención de los investigadores porque esta estructura está relacionada con el procesamiento de estímulos que tienen relevancia emocional y de recompensa.

Para Laura Cuaya, coautora principal del estudio, este hallazgo sugiere que los rostros humanos felices pueden tener un significado emocional concreto para los perros.

En otras palabras, cuando un perro observa a una persona sonreír, su cerebro no necesariamente está procesando esa imagen como una simple configuración de ojos, nariz y boca. La respuesta registrada indica que la expresión de felicidad puede tener para el animal un valor social y emocional.

Los perros también diferencian las emociones negativas

El comportamiento cerebral fue diferente ante las expresiones de ira, miedo y tristeza. Estas emociones no provocaron la misma activación específica de las regiones asociadas con la felicidad, pero eso no significa que los perros las percibieran como idénticas.

Al analizar la actividad cerebral de manera global, los científicos encontraron patrones diferentes para cada una de las emociones negativas.

Este resultado es particularmente importante porque apunta a que los perros pueden realizar una clasificación más compleja de las expresiones humanas. No se trataría únicamente de distinguir entre una cara agradable y otra desagradable, sino de identificar diferentes tipos de estados emocionales.

La investigación, por lo tanto, aporta elementos para comprender mejor la extraordinaria capacidad de los perros para desenvolverse en ambientes humanos y responder a nuestras señales sociales.

Raúl Hernández-Pérez, autor principal del trabajo, explicó que los seres humanos somos especialmente hábiles para captar pequeños detalles en los rostros y que los perros parecen contar también con mecanismos cerebrales que les permiten aprovechar esas señales.

Una relación construida durante generaciones

La capacidad de los perros para interpretar las expresiones humanas probablemente debe entenderse dentro de la larga historia de convivencia entre ambas especies. Los perros domésticos han vivido junto a los seres humanos durante miles de años y han desarrollado numerosas habilidades para comunicarse y cooperar con nosotros.

Sin embargo, los investigadores hacen una advertencia importante: los resultados no necesariamente pueden extrapolarse a todos los perros.

Los 12 animales que participaron en el estudio eran perros domésticos criados en familias afectuosas, por lo que habían tenido una experiencia prolongada de interacción positiva con seres humanos.

Esto significa que un perro que ha vivido en condiciones diferentes podría interpretar las expresiones humanas de otra manera. Por esa razón, los científicos consideran necesario continuar investigando para determinar cuánto influyen las experiencias de cada animal en la forma en que procesa nuestras emociones.

El rostro no es la única señal que utilizan

Una de las siguientes preguntas que busca responder el equipo es cómo integran los perros la información procedente de diferentes sentidos.

En la vida cotidiana, una persona no comunica sus emociones únicamente mediante el rostro. También intervienen la postura corporal, los movimientos, el tono de voz y los olores, entre otras señales.

Los investigadores quieren estudiar cómo combina el cerebro canino toda esta información para construir una interpretación más completa de lo que está ocurriendo a su alrededor.

Esto podría ayudar a explicar por qué los perros parecen reaccionar de manera tan distinta ante una misma persona dependiendo de su tono de voz, sus movimientos o su estado emocional.

Reconocer a los perros como seres emocionales

Los autores consideran que comprender la actividad cerebral de los perros puede tener consecuencias que van más allá de la curiosidad científica.

Laura Cuaya plantea la necesidad de observar a estos animales como seres con emociones, capaces de desarrollar mecanismos especializados para comprender las señales humanas después de una larga historia de convivencia con nuestra especie.

El hallazgo también puede influir en la manera en que las personas se relacionan con sus mascotas. Si los perros son capaces de identificar diferentes estados emocionales en nuestros rostros, nuestras expresiones y actitudes pueden tener para ellos un significado mucho mayor del que solemos imaginar.

La investigación todavía tiene preguntas pendientes y se realizó con una muestra pequeña, por lo que serán necesarios nuevos estudios para determinar hasta qué punto estos mecanismos son comunes entre diferentes tipos de perros. Aun así, los resultados ofrecen una nueva ventana al cerebro de uno de los animales que mejor ha aprendido a vivir junto al ser humano.

Más que confirmar simplemente que los perros «saben» cuándo estamos felices o tristes, el estudio apunta a algo más interesante: su cerebro parece estar equipado para distinguir diferentes emociones humanas y otorgarles un significado social, una capacidad que pudo fortalecerse a lo largo de la historia compartida entre perros y personas.

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