‘Naza’ sacude Venecia con testimonios de soldados israelíes sobre la guerra en Gaza

El Festival de Venecia se convirtió este jueves en escenario de una de las denuncias políticas más contundentes de su actual edición con el estreno de Naza, un documental dirigido por los realizadores israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, quienes acusaron públicamente a Israel de haber desarrollado un sistema de destrucción y asesinatos masivos en Gaza.

Los cineastas, integrantes del equipo de No Other Land, documental ganador del Óscar en 2025, presentaron en la competición veneciana una investigación que busca mostrar desde dentro cómo funcionan las estructuras militares y tecnológicas empleadas durante la ofensiva israelí en el enclave palestino. La cinta fue aceptada en el certamen apenas una semana antes de su inauguración y su estreno estuvo acompañado por una ovación de aproximadamente 25 minutos.

Durante la conferencia de prensa posterior a la proyección, Abraham recordó que los ataques contra civiles en Gaza continúan y sostuvo que la intención de la película es dificultar la negación de los hechos que, según los realizadores, han sido documentados durante años por periodistas y organizaciones internacionales.

“Lo que mostramos es algo que sigue ocurriendo”, afirmó el director, al referirse a la violencia en el territorio palestino.

Un documental construido con testimonios de militares

Naza se construye a partir de entrevistas realizadas a 24 oficiales de inteligencia y soldados israelíes, cuyas identidades permanecen ocultas. Los realizadores los entrevistan principalmente en azoteas de Tel Aviv y recurren a recursos visuales como la penumbra para proteger su identidad.

El título de la película hace referencia a un término que, según el documental, utilizan mandos israelíes para referirse a las denominadas “víctimas colaterales” de los ataques en Gaza.

Rachel Szor explicó que algunas de las declaraciones incluidas en la cinta ya habían sido documentadas previamente en investigaciones periodísticas, pero consideró que existe una diferencia importante cuando quienes participaron en el diseño y operación de esos sistemas explican directamente ante una cámara cómo funcionan.

La película intenta así trasladar al espectador desde las imágenes conocidas de la destrucción en Gaza hacia los mecanismos utilizados para identificar objetivos y determinar cuándo y dónde realizar determinados ataques.

Abraham señaló que el documental examina un sistema de asesinatos masivos basado, de acuerdo con los testimonios recogidos, en la vigilancia a gran escala de la población.

Uno de los aspectos centrales de la investigación es precisamente el papel de la tecnología. Los testimonios presentados en la película describen sistemas capaces de recopilar información de teléfonos móviles y utilizar grandes cantidades de datos para localizar personas y determinar posibles objetivos militares.

Algoritmos e inteligencia artificial en la selección de objetivos

Uno de los momentos más polémicos de Naza aborda el uso de algoritmos e inteligencia artificial dentro de estos sistemas.

La película muestra a un hombre que, manteniendo su identidad oculta, se presenta como creador de un sistema capaz de determinar mediante tecnología dónde se concentra la gente dentro de un edificio que se encuentra bajo vigilancia militar.

Los realizadores también presentan testimonios relacionados con las herramientas utilizadas para localizar a presuntos integrantes de Hamás y establecer qué partes de un inmueble podrían ser atacadas.

La incorporación de inteligencia artificial y sistemas automatizados a las operaciones militares plantea uno de los dilemas centrales de la película: hasta qué punto la tecnología puede intervenir en decisiones que terminan determinando la vida o la muerte de personas.

Según los testimonios recogidos por los directores, el sistema de vigilancia permite acceder a información procedente de teléfonos móviles y utilizarla para identificar individuos o grupos. La película sostiene además que estas herramientas pueden utilizarse dentro de una estructura mucho más amplia de vigilancia de la población.

Para Abraham y Szor, exponer estas declaraciones tiene un propósito concreto: mostrar los mecanismos internos que, según su investigación, permiten convertir grandes cantidades de datos en decisiones militares.

“No hay inocentes”: las declaraciones que provocaron mayor impacto

Entre las revelaciones que más llaman la atención en el documental aparecen testimonios sobre la forma en que algunos militares habrían interpretado el concepto de “víctimas colaterales”.

La película sostiene que esa categoría puede incluir a mujeres y niños, y presenta declaraciones en las que algunos entrevistados justifican determinados bombardeos bajo la idea de que en Gaza no existirían personas completamente ajenas al conflicto.

Uno de los testimonios afirma que después de los ataques de Hamás del 7 de octubre algunos militares consideraban que “no había inocentes en Gaza”. Otro entrevistado asegura que las fuerzas israelíes tienen capacidad para acceder al teléfono de prácticamente cualquier persona.

Los realizadores presentan estas declaraciones como parte de una estructura más amplia en la que la vigilancia tecnológica, la identificación de objetivos y el uso de la fuerza estarían conectados.

Szor afirmó que el propósito de la película es ejercer presión para que la situación se detenga. La directora consideró que mostrar a los propios participantes explicando los mecanismos utilizados puede contribuir a confrontar la narrativa y la negación en torno a lo que ocurre en Gaza.

La destrucción de Gaza como telón de fondo

El documental no se limita a las entrevistas. Naza incorpora imágenes de archivo que reconstruyen la evolución del Estado de Israel desde su fundación en 1948 y muestran el desarrollo de su poder militar y tecnológico.

Ese recorrido histórico sirve como contraste frente a las imágenes contemporáneas de Gaza, donde las ruinas de edificios y las consecuencias de los bombardeos ocupan buena parte del tramo final de la película.

Los directores también recurren a una definición de terrorismo atribuida años atrás al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para establecer un contraste con las acusaciones que la propia película formula sobre las operaciones militares en Gaza.

El cierre del documental vuelve al presente y plantea una idea deliberadamente incómoda: mientras las imágenes de destrucción continúan apareciendo en pantalla, el público permanece dentro de una sala de cine observándolas.

La película concluye con el recordatorio de que los ataques contra civiles, según el mensaje presentado por los realizadores, continúan mientras el espectador observa la historia desde un espacio cultural situado a miles de kilómetros del conflicto.

De No Other Land a una nueva denuncia desde el cine

La llegada de Naza a Venecia también representa la continuidad del trabajo realizado por Abraham y Szor junto con otros cineastas en No Other Land, documental que siguió la lucha de comunidades palestinas de Masafer Yatta, en Cisjordania, frente a la expulsión y destrucción de sus viviendas.

A diferencia de aquella película, centrada principalmente en una comunidad y en la relación entre sus protagonistas, Naza dirige la cámara hacia quienes forman parte de las estructuras militares israelíes y busca obtener de ellos explicaciones sobre los sistemas utilizados durante la guerra.

El resultado es una película que combina investigación periodística, testimonios de militares y material de archivo para construir una acusación sobre la forma en que la tecnología, la inteligencia y el poder militar pueden converger en un conflicto contemporáneo.

Su presentación en Venecia convirtió la película no solo en una propuesta cinematográfica, sino también en un nuevo foco de discusión sobre la guerra en Gaza, la responsabilidad de los Estados, el uso de inteligencia artificial en operaciones militares y las consecuencias que las decisiones tomadas desde sistemas tecnológicos pueden tener sobre la población civil.

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