Atlixco alista cinco toneladas de cecina y desfile de mojigangas

El Centro de Convenciones de Atlixco, Puebla, recibirá los próximos 1 y 2 de agosto la edición número 18 de la Feria de la Cecina, un encuentro gastronómico en el que participarán 22 expositores —11 dedicados a la cecina y 11 a guarniciones— y donde se prevé la comercialización de entre cinco y 5.5 toneladas de este producto cárnico. La presentación oficial del evento corrió a cargo del director de Cultura y Tradiciones del municipio, Marco Polo Rodríguez, quien confirmó que el horario de actividades será de 9:00 a 21:00 horas ambos días. El domingo 2 de agosto, la feria coincidirá con el tradicional Desfile de Mojigangas, que partirá del Parque del Ahuehuete con más de 90 figuras monumentales elaboradas por artesanos locales.
El kilogramo de cecina se venderá entre 400 y 420 pesos, un precio que los organizadores calificaron como estable respecto a ediciones anteriores, con el objetivo de no afectar el bolsillo del consumidor y, al mismo tiempo, garantizar un ingreso justo para las familias productoras. Para quien vaya en plan familiar, la cuenta es clara: un kilogramo rinde aproximadamente para cuatro o cinco personas bien servidas, así que una familia de cuatro que se eche sus buenos tacos con todo y guarnición puede calcular entre 500 y 700 pesos en comida, dependiendo del apetito. A eso hay que sumarle el transporte y, si se antoja, una vuelta por los viveros o el Cerro de San Miguel.
La cecina de Atlixco no es cualquier carne seca. Su preparación sigue un proceso artesanal que se ha transmitido de generación en generación: se selecciona carne de res —generalmente de la parte de la pierna o el lomo—, se sala con sal de grano, se extiende en piezas delgadas y se deja secar al aire libre durante varios días, dependiendo del clima. A diferencia de la cecina de Yecapixtla, Morelos, que tiende a ser más gruesa y se consume casi de inmediato, la atlixquense se caracteriza por un corte más fino, un salado más prolongado y una textura que queda entre lo suave y lo ligeramente firme al morder. Esa técnica, heredada de familias como los Carranza, es la que le da identidad al producto y la razón por la que el municipio lleva 18 ediciones rindiéndole homenaje.
En cuanto a las guarniciones, los 11 expositores dedicados a los acompañamientos ofrecerán el repertorio clásico que no puede faltar en una mesa atlixquense: aguacate, queso fresco, nopales asados, cebollitas, chiles en vinagre, salsa verde y roja, pico de gallo y tortillas hechas a mano en comal. Pero la cosa no se queda ahí. Los asistentes también podrán degustar memelas, huaxmole de hueso, enchiladas atlixquenses y tacos de diversos guisos. La oferta incluye, además, un corredor con productos artesanales de la región y una zona de mezcal donde productores locales presentarán sus destilados. Para los menores de edad, el consumo de bebidas alcohólicas está restringido conforme a la normativa estatal de Puebla.
Quien viaje desde la Ciudad de México debe saber que no existe una ruta directa de autobús a Atlixco. La opción más utilizada es tomar un autobús en la Terminal TAPO o en la Central del Sur con destino a la Central de Autobuses de Puebla (CAPU), con un costo que oscila entre 140 y 650 pesos según la línea y el tipo de servicio, y un tiempo de recorrido de aproximadamente dos horas. Desde la CAPU, salen autobuses de las líneas Oro —alrededor de 50 pesos— y Erco —unos 38 pesos— que cubren el trayecto Puebla-Atlixco en roughly 40 minutos. En automóvil particular, la ruta por la autopista México-Puebla y después la desviación hacia Atlixco toma entre dos horas y media y tres horas, dependiendo del tráfico. Desde Cuernavaca, el trayecto en coche es de aproximadamente una hora y 45 minutos por la autopista Cuernavaca-Puebla.
Para quienes hagan el viaje en plan de excursión familiar desde la CDMX, un cálculo razonable para cuatro personas sería: entre 560 y 2,600 pesos en autobuses redondo —según la línea elegida—, más 176 pesos del tramo CAPU-Atlixco ida y vuelta para los cuatro, más entre 500 y 700 pesos de comida en la feria, más gasolina o casetas si se va en coche —aproximadamente 400 a 600 pesos en peajes redondo—. En total, una familia de cuatro puede gastar entre 1,200 y 3,500 pesos en una visita de un día, sin incluir hospedaje. Y aquí va un dato para los que se quieran poner las pilas: conviene reservar alojamiento desde ahora, porque los hoteles y casas de huéspedes en Atlixco, que tiene la denominación de Pueblo Mágico, suelen llenarse ese fin de semana y los precios suben conforme se acerca la fecha.
El Desfile de Mojigangas del domingo 2 de agosto es, para muchos, el mero plato fuerte del fin de semana. Más de 90 figuras monumentales —algunas de hasta cuatro metros de altura— representan oficios tradicionales, personajes populares y escenas de la vida cotidiana del municipio. Las mojigangas son estructuras de cartón, papel maché y tela montadas sobre armazones de madera y alambre, portadas por danzantes que recorren las calles al ritmo de bandas de viento. El desfile parte del Parque del Ahuehuete y concluye en el zócalo de Atlixco. Quien quiera asegurar un buen lugar para ver el paso de los gigantes debe llegar con anticipación, pues las calles del centro se cierran al tránsito vehicular horas antes del inicio. La convocatoria para participar como mojiganguero permaneció abierta hasta el 20 de julio, según informó el Gobierno de Atlixco.
Más allá de la feria y el desfile, Atlixco ofrece una serie de atractivos que bien valen una vuelta adicional. Los viveros de la zona —conocidos como la «Ruta de las Flores»— concentran decenas de establecimientos donde se cultivan rosas, nochebuenas, geranios y plantas ornamentales que se distribuyen a todo el país. El Cerro de San Miguel, ubicado a un costado del centro histórico, cuenta con un mirador desde el que se observa el volcán Popocatépetl en días despejados, además de una ventana arqueológica con vestigios prehispánicos de aproximadamente 1,500 años de antigüedad. El zócalo del municipio, el Ex Convento de San Francisco y los murales que decoran edificios públicos completan un recorrido que se puede hacer a pie en una tarde.
La Feria de la Cecina de Atlixco se ha consolidado, a lo largo de 18 ediciones, como uno de los eventos gastronómicos de mayor relevancia en la región centro del país. Para los productores locales, representa una ventana de comercialización directa que elimina intermediarios y les permite ofrecer su producto a un precio competitivo. Para los visitantes, es la oportunidad de probar una cecina elaborada con técnicas que no se encuentran en los supermercados ni en las cadenas de restaurantes. La recomendación de los organizadores es llegar temprano, especialmente el domingo, para evitar las aglomeraciones del desfile, alcanzar lugar en los puestos de mayor demanda y recorrer con calma tanto el recinto ferial como los atractivos turísticos del municipio. Porque, como dicen por ahí, al que madruga, hasta la cecina le sabe mejor.

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