El pan dulce también tiene memoria

Hay mañanas en la Ciudad de México en que el hambre no despierta por el estómago, sino por la nariz. Basta pasar frente a una panadería abierta, cuando el día todavía no decide si será fiesta o rutina, para que el olor del pan dulce salga a la calle como un pregón antiguo. Entonces uno entiende que en México el pan no se compra solamente para comerlo: se compra para conversar, para recordar, para esperar a alguien, para perdonar la tarde o para empezar el día con una esperanza tibia…

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