A los 68 años muere Jorge Messi, el artífice silencioso de una leyenda

Por Juan Pablo Ojeda

 

Jorge Horacio Messi falleció la noche del viernes 7 de agosto de 2026 en una clínica de Rosario, Argentina. Tenía 68 años y enfrentaba desde hace meses una enfermedad que lo mantuvo bajo seguimiento médico. La noticia llegó horas después de que Newell’s Old Boys, el club de su ciudad y de la infancia de su hijo, confirmara el deceso con un mensaje de profundo pesar.

Lionel Messi se encontraba en Miami con el Inter Miami cuando se conoció la información. Debía disputar un partido por la Leagues Cup, pero todo cambió de un golpe. El astro argentino viajará a Rosario para despedir a quien fue mucho más que su padre: su representante, su escudo y el hombre que apostó todo cuando casi nadie veía el potencial del niño de baja estatura.

Fue Jorge quien, a principios de los 2000, tomó la decisión más riesgosa de la familia. Con 13 años, Lionel necesitaba un tratamiento de hormona de crecimiento que en Argentina resultaba prohibitivo. Jorge dejó Rosario, acompañó a su hijo a Barcelona y negoció con el club catalán no solo un contrato, sino la cobertura médica, la vivienda y hasta un trabajo para él mismo. Sin esa movida, la historia del fútbol moderno habría sido otra.

Durante el Mundial 2026 la salud de Jorge se convirtió en un tema delicado. Después del hat-trick de Lionel ante Argelia, el capitán argentino lloró en la cancha y habló de “días difíciles” por asuntos familiares. La familia emitió un comunicado pidiendo prudencia: Jorge estaba bajo control médico y evolucionaba dentro de su cuadro. Los rumores de muerte prematura obligaron a desmentidos. La enfermedad, sin embargo, no cedió.

Newell’s Old Boys lo despidió con palabras precisas: “la persona que apoyó con visión, rigor y afecto la carrera del mejor jugador de todos los tiempos”. No era exageración. Jorge manejó durante años los contratos, las negociaciones y el entorno de su hijo con un perfil bajo, casi invisible para los focos, pero decisivo en cada paso.

¿Cuántos padres habrían dejado todo atrás por un diagnóstico médico y una promesa de cantera europea? Jorge lo hizo. Y el resultado se midió en ocho Balones de Oro, una Copa del Mundo y un legado que todavía se escribe.

Lionel pierde al hombre que lo acompañó desde las canchitas de Rosario hasta el estadio más grande del planeta. La familia —Celia, los hermanos Rodrigo, Matías y María Sol, y los nietos— enfrenta ahora el duelo en silencio. El fútbol, por su parte, se queda sin uno de esos pilares que casi nunca salen en las fotos pero sostienen toda la estructura.

La despedida será en Rosario, la misma ciudad donde todo empezó. Y cuando Lionel regrese a la cancha, si es que lo hace pronto, cargará con una ausencia que no se mide en goles ni en títulos. Se mide en la figura que siempre estuvo, incluso cuando el mundo solo miraba al hijo.

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