La comida que termina en la basura también representa dinero, agua y trabajo desaprovechados. Reducir ese desperdicio empieza antes de cocinar: revisar qué hay en casa y comprar cantidades acordes con las comidas previstas permite tomar decisiones más útiles para la economía familiar.
El Informe sobre el Índice de Desperdicio de Alimentos 2024, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, estimó que en 2022 se generaron 1,050 millones de toneladas de desperdicios alimentarios en el mundo, incluidos restos no comestibles.
En esa estimación, los hogares concentraron el 60 por ciento del desperdicio, los servicios alimentarios el 28 por ciento y el comercio minorista el 12 por ciento. Son cifras globales correspondientes a 2022; no describen, por sí solas, cuánto tira una familia mexicana.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura identifica varias causas domésticas: mala planificación, compras excesivas, confusión sobre las fechas de las etiquetas y almacenamiento inadecuado. Atender esos puntos ayuda a transformar un problema amplio en acciones concretas.
Una lista de compras tiene más utilidad cuando se prepara después de revisar alacena y refrigerador. Así se pueden identificar alimentos disponibles y decidir cuáles hacen falta, en lugar de adquirir nuevamente productos que terminarán olvidados detrás de otros envases.
La FAO recomienda planificar comidas y comprar solo lo necesario. Esto no obliga a repetir siempre el mismo menú: permite elegir cantidades con una intención y reducir el efecto de las compras impulsivas o de promociones que no se aprovecharán.
El almacenamiento también merece atención. Mantener visibles los productos que se utilizarán primero y revisar las indicaciones del empaque facilita organizar la cocina; aprovechar mejor la comida requiere conservarla adecuadamente, además de encontrar maneras de incorporarla al menú.
Conviene distinguir entre prevenir desperdicios y consumir alimentos que ya no son seguros. Las fechas e instrucciones de conservación deben leerse con cuidado: reducir la basura no justifica ignorar señales de deterioro ni usar un alimento que incumple las condiciones necesarias para su consumo.
La medida más sencilla para empezar es observar qué se desecha durante varios días y por qué. Esa revisión puede orientar compras futuras y tamaños de porción. El ahorro no depende de comprar siempre más barato, sino también de aprovechar lo que ya se pagó.
Imagen ilustrativa generada con IA.
