Una joven llega a casa después del trabajo, acaricia a su gato, se da una ducha, se pone la pijama, pide una pizza y pasa la noche viendo televisión completamente sola. Esa escena, aparentemente cotidiana, ha conquistado a millones de personas en redes sociales. El video, titulado «POV: Vives sola en Nueva York y no tienes amigos, por eso pasas así el viernes por la noche», supera los 11 millones de reproducciones en Instagram y refleja una tendencia que cada vez gana más fuerza: las llamadas «influencers de la soledad».
Lejos de mostrar agendas repletas de reuniones, viajes con amigos o una intensa vida social, estas creadoras comparten una rutina marcada por el silencio, el autocuidado y la tranquilidad de pasar la mayor parte del tiempo consigo mismas. Sus publicaciones han conectado con miles de personas que se identifican con ese estilo de vida o encuentran en él una forma distinta de entender el bienestar.
Una de las figuras más conocidas es Paulina Cee, quien acumula más de 320 mil seguidores en Instagram. En muchos de sus videos hace referencia a que no tiene amigos y muestra cómo transcurren sus días entre el trabajo, las tareas del hogar, la compañía de su gato y momentos de descanso. Sus departamentos, impecablemente ordenados y con una decoración minimalista, forman parte de una estética que se ha vuelto característica de este tipo de contenido.
Otra de las pioneras es Lana Isa, creadora de contenido canadiense que comparte videos con títulos como «Simplemente una introvertida en su hábitat natural» o «Cómo es un fin de semana para una chica sin amigos y sin interés por las citas». En sus publicaciones predominan las comidas preparadas en casa, películas, compras de ropa y largas jornadas de tranquilidad, acompañadas siempre de un mensaje optimista: «Disfruta tu vida».
La propia creadora ha explicado que nunca buscó romantizar la falta de relaciones sociales. Según ha contado en sus redes, su vida cambió tras atravesar un trastorno de ansiedad generalizada, el fin de una relación sentimental y la pérdida de su círculo de amistades. Asegura que comenzó a documentar esa etapa simplemente porque era su realidad y porque, con el tiempo, logró encontrar paz en ella.
El fenómeno ha despertado el interés de especialistas en salud mental y comportamiento social. Mareike Ernst, profesora adjunta e investigadora en psicoterapia de orientación psicoanalítica de la Universidad de Klagenfurt, considera que estos contenidos tienen una doble lectura.
Por un lado, señala que pueden contribuir a eliminar el estigma que históricamente ha rodeado a la soledad, especialmente entre las mujeres. Mostrar que una persona puede disfrutar de una cena sola, acudir a una cafetería sin compañía o pasar un fin de semana sin compromisos sociales puede ayudar a normalizar situaciones que muchas veces generan vergüenza o ansiedad.
Sin embargo, la especialista también advierte sobre el riesgo de que algunos jóvenes interpreten estos contenidos como una validación del aislamiento permanente. Si quienes ya experimentan soledad encuentran únicamente referentes que presentan esa situación como completamente satisfactoria, podrían dejar de buscar vínculos sociales que son importantes para el bienestar emocional.
La autenticidad de estas publicaciones también genera debate. Aunque resulta difícil comprobar hasta qué punto la vida que muestran las creadoras coincide exactamente con su realidad cotidiana, los expertos consideran que ese no es el aspecto más relevante. Lo verdaderamente importante es el impacto que tienen sobre quienes las consumen y la percepción que generan acerca de la soledad.
La preocupación no es menor. Diversas investigaciones científicas han demostrado que el aislamiento social prolongado puede afectar la salud física y mental. Entre sus consecuencias se encuentran un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos psicológicos y un incremento de la mortalidad prematura.
Los datos internacionales reflejan que este problema afecta especialmente a las nuevas generaciones. De acuerdo con un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizado en 2025, entre el 17 % y el 21 % de las personas de entre 13 y 29 años afirmaron sentirse solas, siendo los adolescentes el grupo más afectado. Además, la organización estima que aproximadamente uno de cada cuatro jóvenes experimenta algún grado de aislamiento social.
En la misma línea, un estudio internacional elaborado por Nivea en 13 países encontró que el 24 % de los jóvenes de entre 16 y 24 años se siente socialmente aislado. Si se consideran todas las edades, la cifra alcanza al 19 % de la población.
Otro aspecto que llama la atención es que la mayoría de estas influencers son mujeres. Para Mareike Ernst, esto podría estar relacionado con los estereotipos de género que tradicionalmente asocian a las mujeres con el cuidado de las relaciones personales y la vida familiar. Mostrar una vida independiente, sin pareja y con pocos vínculos sociales puede interpretarse como una forma de romper con esas expectativas.
Al mismo tiempo, la investigadora considera que esta tendencia también encaja con una estética muy presente en las redes sociales: departamentos minimalistas, rutinas de autocuidado, cocina, organización del hogar y espacios visualmente ordenados que convierten la soledad en una experiencia atractiva desde el punto de vista visual.
El auge de estas creadoras refleja un cambio en la manera en que las nuevas generaciones hablan sobre estar solas. Mientras para algunos representa una forma de reivindicar la independencia y aprender a disfrutar de la propia compañía, para otros constituye un recordatorio de que la soledad prolongada también puede convertirse en un problema cuando deja de ser una elección y se transforma en aislamiento. La diferencia entre ambas situaciones, coinciden los especialistas, sigue siendo fundamental para preservar el bienestar emocional.
