Voy al tianguis: la guía no obvia para detectar calidad y buen precio en fruta, verdura y flores

Ir al tianguis no es solo ir a comprar. Es caminar, observar, comparar y, sobre todo, leer señales que no siempre están a la vista. A diferencia del supermercado, donde todo parece igual y ordenado, en el tianguis la calidad no siempre está en el primer puesto ni en la fruta más brillante. Saber detectar buen producto y buen precio es una habilidad que se aprende con el tiempo, pero hay claves poco obvias que hacen toda la diferencia.

La primera regla es llegar con los sentidos despiertos. La vista ayuda, pero el olfato y el tacto dicen mucho más. Una fruta puede verse perfecta y no saber a nada. En cambio, un aroma marcado suele indicar madurez real. El jitomate, el melón o el mango deben oler a lo que son incluso antes de cortarlos. Si no huelen, probablemente fueron cosechados verdes y madurados a la fuerza.

El peso también habla. Una naranja o una manzana que se siente pesada para su tamaño suele estar más jugosa. Las verduras de hoja no deben sentirse “aguadas” ni excesivamente rígidas; el punto medio indica frescura. En hierbas como el cilantro o la espinaca, las hojas muy oscuras y húmedas pueden parecer frescas, pero a veces esconden humedad acumulada que acelera la descomposición.

Otro indicador clave es mirar el suelo y las cajas, no solo el producto expuesto. Un puesto con cajas limpias, producto rotado y pocas piezas dañadas suele tener mayor movimiento y mejor manejo. Si hay muchas frutas golpeadas o verdura marchita debajo, es señal de que el producto lleva tiempo ahí. En flores, observa el agua de las cubetas: si está turbia o con hojas flotando, la duración en casa será corta.

El precio no siempre está en el letrero grande. Un truco poco conocido es preguntar qué está “para hoy”. Muchos vendedores separan producto perfectamente bueno, pero más maduro, a mejor precio. Esto es ideal si vas a cocinar pronto o hacer salsas, jugos o caldos. No es producto malo, es producto en su punto máximo.

La estacionalidad es otra aliada silenciosa. Cuando algo está en temporada, no solo es más barato: suele ser más sabroso y durar más. Comprar fresas fuera de temporada o calabaza a precio inflado suele resultar en fruta bonita pero insípida. Si hay muchos puestos vendiendo lo mismo, es una pista clara de abundancia y buen momento para comprar.

En el caso de las flores, lo más vistoso no siempre es lo mejor. Un ramo totalmente abierto puede verse espectacular, pero durará poco. Conviene elegir flores con algunos botones cerrados y tallos firmes. Presiona ligeramente el tallo: si está viscoso o demasiado blando, ya va de salida. Las hojas deben verse verdes, no amarillas ni manchadas.

El trato con el marchante también importa. Saludar, preguntar y regresar con el mismo vendedor crea una relación que se traduce en mejores recomendaciones y precios justos. Muchos tianguistas cuidan a sus clientes habituales avisándoles qué llegó mejor o qué conviene llevar ese día. No es regatear por regatear, es construir confianza.

Finalmente, confía en la lógica más que en la estética. En el tianguis, lo “perfecto” no siempre es lo mejor. Una zanahoria torcida puede ser más dulce, una manzana con manchitas más sabrosa, un ramo sencillo más duradero. Comprar bien es mirar más allá de lo bonito y entender que la verdadera calidad se siente, se huele y se prueba.

Ir al tianguis con esta mirada transforma la experiencia. Dejas de comprar por impulso y empiezas a elegir con criterio. Y en ese proceso, no solo ahorras dinero: comes mejor, reduces desperdicio y te conectas con una forma de consumo más consciente y cercana.

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