Por Bruno Cortés
En México, la salud mental ya no es un tema “personal” ni aislado: especialistas advierten que se está convirtiendo en un problema público de gran escala que exige respuestas desde el Congreso y las instituciones. Durante un coloquio realizado en la Cámara de Diputados con motivo del Día de la Psicóloga y el Psicólogo, convocado por el diputado Israel Betanzos Cortés (PRI), académicos y terapeutas coincidieron en algo clave: el estrés laboral, la polarización social y el desgaste emocional están afectando directamente a jóvenes y trabajadores.
Para explicarlo en sencillo, el problema no es solo “estar cansado” o “estresado”, sino vivir en un entorno donde el cuerpo y la mente ya operan en alerta constante. Uno de los especialistas explicó que cada vez es más común ver pacientes jóvenes con ansiedad, depresión y hasta síntomas físicos como gastritis, hipertensión o diabetes tipo 2 relacionados con el estrés crónico. Es decir, lo emocional ya se está convirtiendo en enfermedad física.
Otro de los puntos más fuertes fue el llamado burnout, que en palabras simples es el desgaste extremo por trabajo. México, según datos citados en el foro, tendría niveles muy altos de este problema, especialmente en personas menores de 40 años con jornadas largas, poca flexibilidad y alta presión. El resultado no es solo cansancio: también hay impactos en la productividad, la economía y el sistema de salud. Incluso se habló de pérdidas millonarias asociadas a este fenómeno.
En paralelo, se advirtió que la forma en que nos relacionamos también está cambiando. La desconfianza entre hombres y mujeres, la polarización de ideas y el miedo a vincularse están provocando más aislamiento, relaciones inestables y soledad en jóvenes. La explicación que dieron los especialistas es que cuando el entorno social se vuelve agresivo o extremo, las personas tienden a cerrarse emocionalmente.
El tema del suicidio también ocupó un lugar central. Se señaló como una de las problemáticas más graves de salud pública, sobre todo entre jóvenes, y se insistió en que la prevención no puede quedarse solo en consultas psicológicas, sino que debe incluir políticas públicas, educación emocional y regulación del entorno digital, especialmente redes sociales, que influyen en la presión social diaria.
Desde el ámbito laboral y académico se subrayó que existen normas como la NOM-035 para riesgos psicosociales y la NOM-037 sobre trabajo remoto, pero su aplicación sigue siendo limitada. Para los expertos, no basta con tener reglas escritas: se necesita que realmente se cumplan dentro de empresas y centros de trabajo.
En conjunto, el mensaje del foro fue claro: la salud mental ya es un asunto de Estado. Si el estrés, el burnout y el suicidio siguen creciendo sin intervención integral, el costo no solo será humano, sino también económico y social.
