¿Se puede enfriar la Tierra? Científicos exploran una polémica técnica para frenar un súper El Niño

La posibilidad de que un nuevo súper El Niño se convierta en uno de los más intensos de las últimas décadas ha encendido las alertas entre la comunidad científica. Este fenómeno climático tiene el potencial de desencadenar olas de calor más severas, incendios forestales, sequías, inundaciones y otros eventos meteorológicos extremos que ponen en riesgo a millones de personas y generan pérdidas económicas multimillonarias en todo el mundo. Ante este escenario, un grupo de investigadores ha explorado una idea tan innovadora como polémica: reducir temporalmente la cantidad de luz solar que llega a la Tierra para disminuir la intensidad de El Niño.

La propuesta fue presentada en un estudio publicado en la revista Science Advances, encabezado por científicos del Instituto Scripps de Oceanografía. La investigación no busca impulsar de inmediato esta tecnología, sino evaluar si una técnica de geoingeniería solar podría convertirse, en el futuro, en una herramienta para mitigar algunos de los efectos más devastadores de este fenómeno climático.

El Niño es un patrón climático natural que se desarrolla en el océano Pacífico tropical cuando las temperaturas de la superficie marina aumentan por encima de lo normal. Este calentamiento modifica la circulación atmosférica y altera los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta. Como consecuencia, algunas zonas enfrentan intensas sequías, mientras que otras sufren inundaciones, tormentas más fuertes y un incremento en la frecuencia de fenómenos extremos.

Aunque El Niño forma parte de la variabilidad natural del clima, los científicos advierten que el cambio climático provocado por las actividades humanas está intensificando sus efectos. El aumento sostenido de la temperatura global hace que los episodios de El Niño sean cada vez más cálidos y, por lo tanto, más destructivos tanto para las personas como para los ecosistemas y la economía.

Para analizar una posible forma de reducir su impacto, los investigadores estudiaron una técnica conocida como «brillo de las nubes marinas». Este método consiste en dispersar diminutas partículas sobre las nubes que se forman encima del océano para hacerlas más reflectantes. Al devolver una mayor cantidad de radiación solar al espacio, disminuye el calor que absorbe el océano y, en teoría, también podría reducir la intensidad del calentamiento asociado con El Niño.

Debido a que realizar experimentos de geoingeniería en el mundo real implicaría riesgos difíciles de controlar, los científicos recurrieron a un «experimento natural». Analizaron lo ocurrido durante los devastadores incendios forestales del llamado «Verano Negro» en Australia, entre 2019 y 2020. Además de destruir millones de hectáreas y provocar cientos de muertes, esos incendios liberaron enormes cantidades de partículas que llegaron al océano Pacífico y se mezclaron con las nubes.

Investigaciones previas ya habían demostrado que esas partículas aumentaron la capacidad de las nubes para reflejar la luz solar, enfriando parte del océano Pacífico y favoreciendo posteriormente el desarrollo de un episodio de La Niña, el fenómeno opuesto a El Niño y que generalmente contribuye a reducir las temperaturas globales.

Con esa información, los investigadores desarrollaron modelos climáticos para simular qué habría ocurrido si un efecto similar se hubiera producido antes de dos de los episodios más intensos de El Niño registrados en la historia reciente: los ocurridos en 1997 y 2015.

Los resultados mostraron que una aplicación dirigida del brillo de las nubes marinas podría disminuir la intensidad de un súper El Niño y aumentar aproximadamente un 40 % los efectos de enfriamiento asociados con La Niña. Además, el estudio concluye que la intervención sería más efectiva si se aplicara desde las primeras etapas del desarrollo del fenómeno climático.

Sin embargo, los propios autores subrayan que estos hallazgos representan únicamente una prueba de concepto y no constituyen una recomendación para implementar la geoingeniería. Kate Ricke, coautora del estudio e investigadora del Instituto Scripps de Oceanografía y de la Universidad de California en San Diego, explicó que la idea sería utilizar esta técnica únicamente de forma temporal para enfrentar eventos excepcionalmente intensos y no como una solución permanente al cambio climático.

La científica insistió en que todavía es necesario comprender mucho mejor cómo una intervención de este tipo podría modificar la aparición, intensidad y duración de La Niña, así como sus consecuencias en distintas regiones del planeta. Aunque El Niño suele causar enormes pérdidas económicas y sociales, también existen lugares que obtienen ciertos beneficios de este fenómeno. Por ejemplo, California recibe lluvias abundantes que ayudan a recargar sus embalses, aunque esas mismas precipitaciones también pueden generar inundaciones y otros riesgos.

Precisamente por esa complejidad, los investigadores reconocen que cualquier decisión sobre el uso de la geoingeniería implicaría analizar cuidadosamente los beneficios y las posibles consecuencias negativas para diferentes países y regiones.

La propuesta también ha despertado escepticismo entre especialistas que no participaron en la investigación. James Haywood, profesor de ciencias atmosféricas de la Universidad de Exeter, considera que todavía existen demasiadas incógnitas sobre la capacidad de controlar el nivel de enfriamiento que produciría el brillo de las nubes marinas. Entre sus preocupaciones está la posibilidad de provocar accidentalmente una La Niña mucho más intensa de lo esperado, lo que también podría generar lluvias extremas, inundaciones y sequías en diversas partes del mundo.

A ello se suman importantes obstáculos tecnológicos. David Keith, profesor de ciencias geofísicas de la Universidad de Chicago, explicó que los sistemas actuales para dispersar las partículas necesarias tienen una capacidad muy inferior a la requerida para una aplicación a gran escala. Aunque considera que la idea podría ser físicamente viable, reconoce que la tecnología necesaria aún está muy lejos de existir.

Más allá de los desafíos científicos y técnicos, la geoingeniería también plantea profundas preguntas éticas. Entre ellas destaca quién tendría la autoridad para decidir si una intervención climática de este tipo debe realizarse y cómo se repartirían sus posibles beneficios y riesgos entre distintos países. Además, algunos expertos temen que investigar estas tecnologías reduzca la presión para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, que siguen siendo la principal causa del calentamiento global.

Por ahora, los autores del estudio coinciden en que el brillo de las nubes marinas está lejos de convertirse en una solución lista para utilizarse. Sin embargo, consideran que vale la pena seguir investigando si esta técnica podría convertirse, en el futuro, en una herramienta de emergencia para reducir el impacto de los episodios más extremos de El Niño, siempre como complemento y nunca como sustituto de las acciones destinadas a frenar el cambio climático.

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