Universal Music demanda a DistroKid por la avalancha de música generada con IA

La disputa por el uso de inteligencia artificial en la industria musical llegó a los tribunales de Estados Unidos. Universal Music Group presentó una demanda contra DistroKid, una de las principales plataformas de distribución de música independiente, a la que acusa de permitir infracciones de derechos de autor y de contribuir a la llegada masiva de contenido generado con inteligencia artificial a los servicios de streaming.

La demanda fue presentada ante el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito de Delaware y señala a DistroKid por presuntas prácticas comerciales engañosas y violaciones de las leyes de copyright. Uno de los principales puntos del litigio está relacionado con el volumen de canciones creadas mediante herramientas de inteligencia artificial que pueden llegar a plataformas como Spotify, Apple Music y otros servicios a través de distribuidores digitales.

Universal sostiene que DistroKid está permitiendo que las plataformas se llenen de grandes cantidades de música generada mediante IA que, de acuerdo con la compañía, puede competir por reproducciones y recursos económicos con las obras de artistas y titulares legítimos de derechos.

Sin embargo, el planteamiento de Universal incluye una distinción importante: la demanda no pretende prohibir la distribución de música creada con inteligencia artificial cuando esta se identifica correctamente y respeta los derechos correspondientes. El conflicto se concentra, según la compañía discográfica, en los casos en que el contenido generado artificialmente se presenta de manera engañosa como si estuviera asociado con artistas reales o cuando incorpora grabaciones protegidas sin autorización.

La compañía también acusa a DistroKid de continuar distribuyendo determinadas grabaciones incluso después de que, según su demanda, la plataforma habría reconocido que no contaba con los derechos necesarios para hacerlo.

Para respaldar sus acusaciones, Universal presentó inicialmente una relación de mil grabaciones que considera infractoras. El sello sostiene que esa lista representa únicamente una parte de los casos que podrían estar involucrados y que el proceso judicial podría revelar miles de grabaciones adicionales.

El alcance económico del litigio podría ser considerable. Universal solicita hasta 150 mil dólares por cada obra infringida, una cantidad que corresponde al máximo contemplado por la legislación estadounidense para determinadas infracciones deliberadas de derechos de autor. Si hipotéticamente se aplicara esa cantidad a las mil grabaciones mencionadas en la demanda, el cálculo llegaría a 150 millones de dólares. No obstante, esa cifra no representa una indemnización determinada: el monto que eventualmente podría establecerse dependerá de lo que se acredite durante el proceso judicial.

DistroKid ocupa una posición relevante dentro del ecosistema de distribución musical digital. La compañía asegura que distribuye aproximadamente 40% de toda la música nueva que se publica en el mundo y que trabaja con más de cuatro millones de artistas. Su modelo permite que músicos independientes envíen sus canciones a diferentes servicios de streaming sin necesidad de pertenecer a una gran compañía discográfica.

La plataforma también permite la distribución de música creada mediante herramientas de inteligencia artificial, aunque establece determinadas condiciones para sus usuarios. Entre ellas se encuentra la obligación de contar con los derechos correspondientes sobre el material que se pretende publicar. Sus reglas también prohíben utilizar sin autorización la voz o identidad de otra persona y contemplan restricciones contra la generación masiva de contenido cuyo objetivo sea manipular los algoritmos de las plataformas de streaming.

Precisamente ese último punto refleja uno de los nuevos problemas que enfrenta la industria musical. La inteligencia artificial ha reducido considerablemente las barreras técnicas para producir canciones, lo que permite generar grandes cantidades de contenido en poco tiempo. El desafío para las plataformas y los distribuidores consiste en distinguir entre una producción legítima creada con herramientas de IA y aquella que utiliza material protegido, suplanta la identidad de un artista o busca alterar artificialmente los sistemas de recomendación y reproducción.

El problema también está relacionado con el funcionamiento económico del streaming. Las plataformas distribuyen ingresos de acuerdo con las reproducciones y otros criterios establecidos en sus modelos de negocio. Cuando grandes cantidades de canciones son generadas automáticamente y comienzan a acumular reproducciones, los titulares de derechos tradicionales pueden verse afectados si una parte de los recursos disponibles se dirige hacia contenido que, según las acusaciones de Universal, no debería estar compitiendo en las mismas condiciones.

La controversia plantea así una cuestión que va más allá de una disputa entre dos empresas. El desarrollo de herramientas capaces de generar música está obligando a la industria a definir con mayor precisión qué puede considerarse una obra creada legítimamente con IA, cómo debe identificarse y qué ocurre cuando esas herramientas reproducen elementos protegidos por derechos de autor.

El caso entre Universal Music Group y DistroKid se suma a una serie de conflictos que han surgido a medida que la inteligencia artificial se integra en la creación, distribución y comercialización de música. Mientras las herramientas generativas permiten experimentar con nuevas formas de producción, los sellos discográficos, artistas y plataformas también buscan mecanismos para proteger voces, grabaciones, composiciones e identidades frente a usos no autorizados.

Hasta la presentación de la demanda, DistroKid no había emitido una respuesta pública a las acusaciones de Universal. Por ahora, el litigio deberá determinar si las prácticas señaladas por el gigante discográfico constituyen efectivamente infracciones de derechos de autor o conductas comerciales sancionables bajo la legislación estadounidense.

El proceso podría convertirse en un caso relevante para definir cómo funcionará el mercado musical en una época en la que producir miles de canciones ya no requiere necesariamente miles de sesiones de estudio. La disputa pone sobre la mesa una pregunta que la industria tendrá que resolver cada vez con mayor urgencia: cómo aprovechar la inteligencia artificial para crear y distribuir música sin que su capacidad de generar contenido a gran escala termine afectando los derechos y los ingresos de quienes producen obras protegidas.

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