México apuesta por Europa para reducir dependencia económica

Por Bruno Cortés

La Cámara de Diputados abrió el debate sobre uno de los movimientos económicos y políticos más importantes que tendrá México este año: la firma del nuevo Acuerdo Global Modernizado con la Unión Europea, prevista para el próximo 22 de mayo. Aunque el nombre suena técnico y lejano para mucha gente, en realidad se trata de una decisión que puede influir en inversiones, empleos, exportaciones y hasta en la forma en que el país se relaciona con el resto del mundo.

La conferencia virtual “El nuevo acuerdo de México con la Unión Europea”, organizada por la Secretaría de Servicios Administrativos y Financieros de la Cámara de Diputados, formó parte de una estrategia impulsada desde la Junta de Coordinación Política, encabezada por Ricardo Monreal Ávila, para acercar a legisladores y funcionarios a temas clave de política internacional.

Durante el encuentro, la diputada Magdalena del Socorro Núñez Monreal explicó que la Unión Europea ya es uno de los socios económicos más importantes de México. Tan solo en 2025, el intercambio comercial entre ambas partes superó los 88 mil millones de dólares, colocando al bloque europeo como el tercer socio comercial del país y el segundo destino de exportaciones mexicanas.

En términos simples, el acuerdo busca que México no dependa únicamente de Estados Unidos para vender productos, atraer inversiones o mantener relaciones económicas fuertes. En un escenario internacional marcado por tensiones comerciales y disputas entre potencias, diversificar mercados se ha vuelto casi una necesidad para cualquier economía que quiera evitar riesgos.

La legisladora señaló que fortalecer la relación con Europa permitirá abrir más oportunidades para empresas mexicanas, impulsar cooperación tecnológica y atraer nuevas inversiones. También ayudaría a reducir la vulnerabilidad que tiene México cuando la economía estadounidense atraviesa conflictos políticos o comerciales.

Por su parte, la secretaria de Servicios Administrativos y Financieros de San Lázaro, Aliza Klip Moshinsky, destacó que estos espacios permiten fortalecer la llamada diplomacia parlamentaria, es decir, la relación directa entre congresos y legisladores de distintos países para construir acuerdos políticos y económicos de largo plazo.

La académica e investigadora especialista en política exterior, Lorena Ruano Gómez, explicó que este acuerdo realmente no nace desde cero. México y la Unión Europea mantienen un tratado desde el año 2000, pero ahora se busca modernizarlo para adaptarlo a nuevas dinámicas económicas como el comercio digital, la regulación tecnológica y temas vinculados al medio ambiente y la igualdad de género.

La especialista recordó que México fue el primer país latinoamericano con el que la Unión Europea firmó un acuerdo de este tipo, lo que convirtió al país en un socio estratégico para Europa en la región. Actualmente, gran parte de las exportaciones mexicanas hacia ese mercado llegan principalmente a países como Alemania, España y Países Bajos.

Sin embargo, Ruano Gómez advirtió que un tratado comercial por sí solo no garantiza crecimiento económico. Explicó que para aprovechar realmente estos acuerdos México necesita invertir en infraestructura, energía y regulación, además de ofrecer condiciones de seguridad y certeza jurídica para las empresas extranjeras.

Ahí aparece uno de los principales retos. Factores como la inseguridad, las dudas sobre el Estado de derecho y la incertidumbre alrededor del T-MEC han generado preocupación entre inversionistas internacionales. En otras palabras, aunque existan reglas comerciales claras, las empresas también necesitan confianza para invertir y expandirse en territorio mexicano.

El nuevo acuerdo incluirá reuniones periódicas entre jefes de Estado, encuentros interparlamentarios entre el Congreso mexicano y el Parlamento Europeo, así como nuevas reglas comerciales enfocadas en medio ambiente, desarrollo sostenible y cooperación económica.

Más allá del lenguaje diplomático, el mensaje político es claro: México busca enviar una señal de estabilidad y apertura al mundo en un momento internacional complicado. La apuesta es ampliar mercados, reducir riesgos económicos y mantener relaciones con países donde existan reglas comerciales más estables y predecibles.

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